Hace años, quién sabe cuántos, tres, cuatro, cinco, tuve una cita que fue, siendo honesto, un desastre. El chico que estaba frente a mí no paró de hablar; sólo para coger aire entre monólogo y monólogo. Me fui del restaurante sin que me hubiese preguntado ni una sola vez algo sobre mí, porque allí, en aquel lugar, en aquella cita, lo único importante era él. De esas personas, entre otras, de seres narcisistas que harían bien en no salir nunca de casa, por el bien del planeta, habla el libro de Candela Sierra. También yo en esta reseña de Lo sabes aunque no te lo he dicho.
Esta novela gráfica, Premio Nacional del Cómic 2025, es, en apariencia, en un sentido literal de la palabra, de gran atractivo. Todas las viñetas, con un uso del color exquisito —mismo pensamiento que cuando leí El cuerpo de Cristo, también de Ediciones Astiberri—, entran por los ojos y enamoran a primera vista. Es tal la satisfacción visual que unx siente que resulta imposible no pasar de una a otra sin parar.
El color, sin embargo, no es el único culpable. La autora se las ingenia para que todas las escenas, pese a ser, en cierto modo, independientes, estén conectadas a través de personajes que viajan de una a otra. Así, una espectadora casual frente a una discusión se convierte, de repente, en la siguiente protagonista. Un hilo en el que todas y todos están conectadas y conectados. No es casual que esto ocurra, claro. Porque Lo sabes aunque no te lo he dicho, como ya adelanta su sinopsis, habla, con un humor muy fino e inteligente, de una sociedad en la que no hay tiempo para dar tiempo. Queremos todo ya, de forma inmediata, como niñas y niños que, llenas y llenos de ansia, buscan ver cumplidos sus caprichos.
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Te he mentido una sola vez… Simplemente, he mantenido la mentira por cuestiones de rácord.
¡Continúo con mi reseña de Lo sabes aunque no te lo he dicho! Todos estos temas, de especial interés para una persona (yo) a la que la vida suele atropellarla —de ello hablé en mi reseña de Mil cosas—, tienen, no obstante, un problema: la saturación. Es tal el número de cuestiones que pretende comunicar Candela Sierra que llega un momento en el que, sin leer en diagonal, unx se vuelve impermeable y los mensajes pasan un tanto desapercibidos. La situación se torna superficial y, cuando el cómic acaba, queda la sensación de que, al menos yo, esperaba más.
Lo sabes aunque no te lo he dicho es un buen libro; ¡que nadie piense lo contrario! Es sólo que yo, que suelo echar en falta profundidad en las novelas gráficas, aun siendo consciente de que es otro formato con otros códigos, no puedo evitar sentir que el continente está por encima del contenido.


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