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Reseña El cuerpo de Cristo
184 páginas

Reseña El cuerpo de Cristo

Cuando Vera era niña, un demonio rondaba su casa y acosaba a su madre, martilleándole los nervios hasta postrarla en la cama durante días. Entre las sesiones de exorcismo con la 'meiga' y las citas con el psiquiatra, año tras año, la superstición se desvanece para dejar paso al diagnóstico. Pero, a pesar de los malos tratos, la enfermedad y las excentricidades, el amor de una madre y su hija es más fuerte que cualquier otra cosa, sobreviviendo al paso del tiempo y a las tormentas.

Y qué digo yo...

Siempre me da miedo leer novela gráfica porque siento que, de alguna manera, no termino de conectar como con otros géneros o formatos. Me da miedo, especialmente, cuando esos libros gozan de muy buenas críticas, porque me pregunto si seré yo, que no termino de encajar, y casi que me descubro obligándome a que algo me guste (¡luego me doy cuenta de que no tiene por qué ser así!). Por supuesto, también tenía miedo esta vez. Te cuento el resultado en esta reseña de El cuerpo de Cristo.

El libro de Bea Lema es, simple y llanamente, espectacular. Así de sencillo.

En primer lugar, porque logra explicar con mucha claridad todo cuanto orbita alrededor de una enfermedad mental. Porque ésta es un mal que padece una persona en sus propias carnes, moldeando su vida sin que apenas pueda controlarla, pero también quienes acompañan a esa persona. En este libro, se refleja en el personaje de Vera, una niña a la que el amor por su madre la lleva a querer todo, lo posible y lo imposible, para cuidarla y salvarla. Ella se niega a perder a quien le ha dado la vida, a quien tanto quiere.

Sin embargo, querer no es suficiente, y creo que la autora lo muestra con mucho acierto: que cuidar, incluso cuando lo hacemos de corazón, es una carga que no todo el mundo puede soportar —el padre, el hermano—, que poner toda esa responsabilidad en una niña, luego adolescente, luego mujer, una sola persona, es un ejercicio inhumano al que no debería llegarse. Cuidar desde el equilibrio, desde lo justo, desde lo necesario.

 

Yo siempre digo que estoy bien, aunque no sea así.

 

¡Sigo con la reseña de El cuerpo de Cristo! Junto con la enfermedad, junto con los cuidados, está la herencia que recibimos. Una herencia que no siempre es bonita, que muchas veces duele, que cargamos toda una vida, que configura nuestra existencia de maneras inimaginables. En este libro, se refleja en el personaje de Adela, una mujer a la que su pasado ha convertido en una persona que no se reconoce, que no es dueña de sus acciones, que vive sin vivir. Porque «nos esforzamos por darle un sentido, una forma, un orden a la vida, y, al final, la vida hace con una lo que le da la gana» (siempre Patria).

Por si la historia no es suficiente, Bea Lema sorprende con sus ilustraciones y bordados, una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida, sin miedo (ahora no) a exagerar. La paleta de colores, cálida, navegando entre rosas, naranjas, amarillos y verdes, es de una belleza increíble. El uso del color para diferenciar el pasado del presente, para resaltar las etapas de calma frente a las tormentosas, es de una sensibilidad inigualable. La demostración de una artista en estado de gracia.

Siempre me da miedo leer novela gráfica, pero, entonces, encuentro libros como El cuerpo de Cristo y pienso: «Miedo de qué».

Título: El cuerpo de Cristo. Autora: Bea Lema. Editorial: Ediciones Astiberri. Edición: 2025.

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