Yo comienzo cada libro de Guillermo Alonso preguntándome con qué me va a sorprender. Lo pensé con Vivan los hombres cabales —lo seguía desde hace tiempo; me gustaría colarme en su cabeza y ver cómo funciona desde dentro— y lo hizo. Lo pensé con La lengua entre los dientes… y lo hizo. En esta reseña de El efecto deseado te voy a contar cómo lo ha logrado esta vez. Porque ha vuelto a hacerlo.
Tengo que empezar por algo que ya he dicho: la mente del autor. Guillermo Autor me parece una persona peculiar, en el mejor de los sentidos. Tiene un humor muy particular que en sus obras se refleja muy bien. En ésta, la que es, para mí, su mejor propuesta, la más completa, la más interesante, condensa todas las excentricidades que ha mostrado anteriormente… y las eleva a su máxima potencia.
El efecto deseado es, principalmente, una historia sobre la soledad, sobre sentirse (no siempre) rodeado y, sin embargo, solx. Su protagonista, Gaspar, es el recipiente de esa soledad, que lo lleva a vivir con melancolía, con la nostalgia de quien echa en falta algo que un día tuvo, algo que nunca tuvo, algo que no sabe si tendrá. También sobre la identidad: cómo habitar el mundo cuando no sabes quién eres, cuando tu personalidad no se ha podido desarrollar porque las cartas que te ha repartido la vida no son suficientes, no son suficiente.
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Soy experto en ser invisible. No me supone ningún esfuerzo, lo agradezco. Solo, invisible, es mi manera favorita de estar.
¡Continúo con la reseña de El efecto deseado! Estos temas, presentes en el libro de forma notoria, se mezclan con otros que engrandecen la historia: la precariedad, la desigualdad, la violencia, la impunidad… y los ricos. Los ricos, en general. Los ricos y sus vidas surrealistas, representados a la perfección en la primera parte del libro, Pandora, pero también en la segunda, La criatura. Dos partes que son, para mí, las mejores. Porque llevan a quien lee por un mundo que, pese a estar lleno de miseria, resulta fascinante, brillante, atractivo. Aquí, unx lee, pero, sobre todo, disfruta. Disfruta de la ridiculez y de la absurdidad y del surrealismo que cubre a la gente con dinero. Pandora, los cuatro jóvenes ricos y pijos, los Ottaviano… personajes que son un auténtico chef’s kiss.
Lo que más me ha gustado del libro de Guillermo Alonso es que decide no darte todo lo que, quizás, quieres, y, al hacerlo, sorprende. Porque unx se quedaría leyendo horas y horas sobre las hazañas de Gaspar con Pandora, y las aventuras de éste con el chico misterioso de la calle. ¿Cómo no hacerlo, si lo que cuenta el autor resulta casi adictivo? Sin embargo, rompe con estas historias de lleno y te lleva a otros lugares, a otras personas, a otros hechos. Te lleva a todos ellos y, entonces, unx se da cuenta de que habría sido un error instalarse de forma permanente en lo que tanto le gustaba, porque, de haberlo hecho, se habría perdido, una vez más, lo fascinante, lo brillante, lo atractivo.
Hay, no obstante, un «pero»: la última parte. Un tramo, el más corto del libro, que, desde el presente, nos muestra una versión más adulta de Gaspar. Y está bien. Está bien que, tras pasar por su infancia, adolescencia y juventud, sepamos cuál es el futuro de Gaspar —en este sentido, Guillermo Alonso logra con maestría contar muchos períodos de la vida del protagonista con suma sencillez—. Pero ¿qué ocurre? Que, después de haber vivido una historia de The White Lotus mezclada con El talento de Mr. Ripley mezclada con cualquier relato homosexual, el cierre, con cierto cambio de tono, con cierto cambio de perspectiva, con cierto cambio de historia, no resulta tan bueno como ha sido todo lo anterior.
Porque lo anterior es bueno. Muy bueno. Triste, conmovedor y nostálgico. Oscuro, perverso y maquiavélico. Seductor, desvergonzado y sexi. Una vez más… chef’s kiss.


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