Existe una broma bastante extendida sobre los trabajos en grupo de la universidad: cada persona hace su parte y, al final, alguien junta todos los fragmentos sin preocuparse demasiado por comprobar si encajan. El resultado suele ser un desastre. Por suerte, eso no ocurre en este libro. Todo lo contrario. En esta reseña de Cadáver, te cuento por qué la décima publicación de LAVA me ha parecido una de las más interesantes de su catálogo.
Cadáver es una novela coral (Maximiliano Barrientos, Lucila Grossman, Lola Ancira, Giovanna Rivero, Luis Carlos Barragán, Karen Andrea Reyes, Mafe Moscoso, Elisenda Solsona y Elaine Vilar Madruga) que, por su propia naturaleza, va creciendo a medida que avanza. Cada nuevo punto de vista añade capas, matices e información que transforman la percepción de la historia. Se aprecia especialmente en capítulos como los de Mariela o McGunn, donde la incorporación de nuevas voces amplía el alcance del relato y lo vuelve cada vez más complejo.
Lo interesante es que esa complejidad nunca juega en contra de la novela. Al contrario. Conforme se acumulan las perspectivas, el texto se vuelve más caótico, más difícil de descifrar, y eso encaja perfectamente con lo que está contando. La historia necesita que quien lee pierda el hilo, que dude sobre qué está ocurriendo, quién es quién y cómo encajan las distintas piezas. Que entre en un bucle temporal y espacial del que no resulta sencillo salir.
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La gente tiene una tendencia aberrante a poseer lo nuevo, hasta que lo vuelve viejo y lo desecha.
¡Continúo con la reseña de Cadáver! Pese a que cada autorx tiene una voz reconocible y un estilo propio, la novela funciona con una cohesión impresionante. Nunca da la sensación de estar leyendo un Frankenstein construido a partir de ideas inconexas. Quizá ahí reside buena parte de su atractivo: en comprobar cómo una misma historia puede transformarse según quién la cuente. El Monstruo de Nueve Cabezas da respuesta a una pregunta que siempre me ha parecido atractiva: ¿cómo sería una historia si la hubiese escrito otra persona? Y lo hace concediendo a cada participante libertad suficiente para dejar su huella en el texto.
Si tengo que destacar un nombre por encima del resto, es el de Elaine Vilar Madruga. Con todo el respeto hacia lxs demás autorxs, su capítulo final me parece decisivo para que la novela alcance el nivel que alcanza. No sólo aporta su propia mirada, sino que recupera elementos anteriores y los integra en el desenlace de forma brillante. Al hacerlo, refuerza la sensación de bucle temporal que está presente en parte de la obra y consigue que muchas de las piezas dispersas encuentren, finalmente, su lugar.
Cadáver confirma por qué LAVA es una de mis editoriales favoritas. Título tras título —en mi caso, El cielo de la selva, Mammalia y Zorra— demuestra una apuesta constante por la experimentación y el riesgo. Libros muy distintos entre sí, pero unidos por una misma voluntad de sorprender. Y, de paso, por algunas de las portadas más bonitas que se publican ahora mismo.


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