En 2020, sentí tanta euforia tras ver Gambito de dama que compré el libro en el que se basa la serie y me entraron unas ganas increíbles de aprender a jugar al ajedrez —nunca sucedió—. Seis años después, he leído este libro de Stefan Zweig —el segundo que leo; el primero fue Miedo— y he vuelto a sentir lo mismo. Te cuento más en esta reseña de Novela de ajedrez.
Es increíble que, en sólo 96 páginas, se puedan abordar tantas cuestiones sin caer en la superficialidad. Hay autorxs que necesitarían muchísimas más para contar la mitad de lo que cuenta Stefan Zweig —¡yo el primero!— y, ni aun así, se acercarían a su nivel de perfección.
Me gusta especialmente la manera en que el autor consigue contar dos historias en una. Por un lado, una historia sobre el prodigio, sobre la obsesión, sobre la salud mental, sobre el propio ajedrez Por otro, una historia sobre los horrores del nazismo —especialmente conmovedora si se tiene en cuenta el destino del autor—, en una especie de monólogo que llega cuando uno menos lo espera, y sorprende, y cautiva, y enamora, porque es imposible no caer rendido.
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Nada produce una presión tan grande sobre el alma humana como el vacío.
¡Continúo con la reseña de Novela de ajedrez! Estas historias, que conviven en armonía en el relato de Stefan Zweig provocan que no haya un claro protagonista. Porque podríamos pensar que es el narrador, que vive en primera persona todos los acontecimientos que se cuentan. O ese «arrogante campeón del mundo» que menciona la sinopsis. O el misterioso pasajero, cuyo relato ha sido mi parte favorita del libro por narrar, de forma detallada, un episodio oscuro de nuestra Historia. Todos son protagonistas y, por tanto, ninguno lo es.
¿Y qué decir del final? Un cierre cotidiano, casi casual, espontáneo, que provoca una sonrisa inevitable. Sonreír, sí, porque, después de haber atravesado cierta tensión, cierto horror, cierto nerviosismo, las últimas palabras que escribe Stefan Zweig rompen con todo lo descrito anteriormente. Y, entonces, sólo queda sonreír.


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