Vane™ (Sigilo Editorial) me envió este libro de Virginia Higa con un reclamo infalible: es su libro favorito de la editorial. Y yo, que gracias a ella he descubierto títulos como Ritos privados o Querer es perder —libros que me han gustado mucho—, no pude decirle que no. Necesitaba entender qué tiene esta historia para haberla conquistado así. Te lo cuento en esta reseña de Los sorrentinos.
La novela se mueve en un terreno muy interesante: es, al mismo tiempo, una historia real y una ficción. Virginia Higa mezcla recuerdos e imaginación para construir un relato hecho de fragmentos, pequeñas escenas que nos acercan a la vida de una familia italiana que se instala y crece —en más de un sentido— en Mar del Plata.
Como en toda familia, hay espacio para todo: vínculos muy estrechos y otros más distantes, momentos de drama y de comedia, afectos profundos y también rencores. A través de esos pequeños retazos —y de los saltos entre personajes, que, lejos de entorpecer, enriquecen el conjunto— vamos entendiendo la esencia de los Vespolini. En ese proceso, el lenguaje tiene un papel fundamental: palabras como «catrosho» o «chinaso» nos descubren una forma de mirar el mundo, de habitarlo.
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Our boys no saben leer subtítulos —decía el Chiche—, por eso tienen que filmar todas las buenas películas de nuevo.
¡Sigo con la reseña de Los sorrentinos! La comida también ocupa un lugar central. La autora dedica muchas páginas a recetas, a platos, a los entresijos de la cocina. Pero no se trata sólo de gastronomía; entender qué se cocina y cómo se cocina es también una forma de descubrir a esta familia. Aquí, la comida es memoria, identidad y vínculo.
Y todo ello con un humor que, casi sin proponérselo, consigue sacar más de una sonrisa. Porque Los sorrentinos es, principalmente, una historia hecha de pequeñas capas que transmiten ternura. Una historia entrañable. No es mi favorita de Sigilo (lo siento, Vane™; sigo quedándome con Ritos privados), pero entiendo perfectamente las razones para que lo sea.


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