Se puede decir que he leído algunos libros sobre distopías. Puedo confirmar y demostrar que he leído muchísimos libros centrados en las relaciones, en la manera en que los personajes se comunican entre sí. Sin embargo, nunca había leído un libro en el que la historia se construya a partir de los sentimientos y los pensamientos, no tanto de hechos… en un mundo distópico. Este libro ofrece eso, exactamente eso, y de ello voy a hablar en esta reseña de Ritos privados.
Julia Armfield, a quien descubro con este libro editado en España por Sigilo, se convierte en una auténtica forense que disecciona la relación entre tres hermanas: Isla, Irene y Agnes. Tres hermanas a las que, aparentemente, sólo une la sangre. Entre ellas no hay apenas afecto; sí muchas dosis de rencor y reproches. Mientras leemos, lo descubrimos gracias a una narración que, en tercera persona, se mueve entre ellas. Así, hay fragmentos centrados en Isla, fragmentos centrados en Irene y fragmentos centrados en Agnes.
Pero no podemos olvidarnos de lo distópico. Recordemos que ésta es una novela distópica.
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Se podría decir que cualquier historia de terror funciona en dos partes: el miedo de estar completamente solos y el miedo de darnos cuenta de que hay alguien más.
¿Y cómo se muestra ese aspecto fundamental del libro? Con fragmentos complementarios en los que la autora nos muestra la realidad en la que viven los personajes. Un mundo caótico en el que suceden cosas terribles. En el que las consecuencias del cambio climático son más que evidentes. En el que la sociedad, cada día menos sociable, está rota. De esas grietas, surge el mal, la paranoia, la inestabilidad. Un componente, un mensaje, presente en todo el relato.
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Pienso que el único trabajo que uno tiene como padre es darles a sus hijos una niñez de la que no tengan que recuperarse.
¡Seguimos con la reseña de Ritos privados! Si volvemos a las hermanas, y debemos hacerlo, podemos observar que el punto central es, en cierto modo, el duelo. En Isla se manifiesta con un control obsesivo; en Irene, con una ira desmedida; en Agnes, con un desapego impuesto. Porque estas tres hermanas han vivido todas sus vidas enfrentándose a la pérdida. Un padre ausente, frío y exigente. Unas madres (una de Isla e Irene; otra, de Agnes) que un día se marcharon. Tres hermanas que nacieron y crecieron compitiendo (sin querer) y enfrentándose (sin querer) entre ellas.
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A veces pienso que la esperanza es un sentimiento mucho menos satisfactorio que la desesperación.
En torno a todo ello se construye la historia de Julia Armfield. Sin embargo, no es todo. Hay algo oculto. Quizás no. Quizás visible en todo momento, pero miramos a otro lado y, pese a tenerlo delante, no lo vemos. Y, cuando ya no podemos evitarlo, cuando la autora lo pone frente a nosotrxs, la historia da un giro que, cuando menos, sorprende. En mi caso, incluso me ha sacado un pequeño grito.
En esta reseña de Ritos privados, no obstante, no seré yo quien lo cuente. Mejor descúbrelo tú mismx.


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