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Reseña ¡Guardias! ¡Guardias!
400 páginas

Reseña ¡Guardias! ¡Guardias!

La Guardia Nocturna de la ciudad de Ank-Morkpok no tiene mucho trabajo. De los crímenes se ocupan los Gremios de Ladrones y de Asesinos, sin pasarse de una cuota fija al mes, por supuesto. Así, esta guardia destartalada y sin sentido de existencia consta de tan solo tres hombres: el capitán Vimes, el sargento Colon y el cabo Nobbs. Cuando un nuevo recluta, el idealista enano de casi dos metros llamado Zanahoria Fundidordehierroson, se integra en su equipo y no tiene mejor idea que arrestar a ladrones y asesinos haciendo cumplir la Ley, los tres veteranos guardias verán cómo su rutina se rompe. Y por si fuera poco, un dragón, criatura que se creía que ya no existía, ha aparecido en la ciudad, aunque a nadie parece interesarle mucho.

Y qué digo yo...

Mi amiga Ana me regaló este libro. En la nota que lo acompañaba, había escrito lo siguiente: «Espero que disfrutes de un toque de fantasía, humor y el primer libro de una saga que para mí es muy importante y especial». Te cuento si comparto su sentir en esta reseña de ¡Guardias! ¡Guardias!.

No me andaré con rodeos: sí. El libro de Terry Pratchett me ha dado todo lo que necesitaba (y más) en estos momentos de mi vida, en los que tengo el cerebro frito y el cuerpo y la mente me piden, por favor, que pare, que me tome unas vacaciones, que desconecte un poco. Podría seguir escribiendo qué me piden, pero lo cierto es que esto es una reseña de un libro que he leído, no terapia (¡quizás sí!), así que supongo que toca hablar del libro.

Quien me conoce sabe que no suelo leer mucha fantasía. En los últimos años he descubierto entusiasmado historias como las de La historia interminable —libro que me fascinó—, pero no es mi género predilecto. No por nada en concreto. Me gusta la fantasía, y el adulto que sigue enganchado a Embrujadas, su serie favorita, disfruta con ella, pero, a la hora de elegir, otros géneros suelen llamar más mi atención.

¿Este discurso a qué venía? Ah, ¡sí! Tenía la intención de decir que, pese a no ser el mayor fan de la fantasía, este libro me ha… enamorado. La trama me ha parecido muy atractiva, con algún que otro giro superinteresante —a mitad del libro, pensaba que veía por dónde iban los tiros y me equivoqué por completo; ¡bien!—. Los personajes me han divertido muchísimo, incluso aquellos a los que, supuestamente, debería detestar. El autor los describe de forma tan surrealista, retorciendo los clichés para ofrecer algo totalmente nuevo, que no he podido evitarlo.

 

Una vez eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.

 

¿Y qué decir de los temas secundarios que trata? La monarquía, la desigualdad, el abuso de poder, las expectativas vitales, la autoestima, la identidad, la familia… En una historia aparentemente ligera y totalmente irónica, Terry Pratchett se las ingenia para llenar las páginas de un discurso imprescindible. No es evidente, sí sutil, y ahí, en esa sutileza, en lo que no se dice abiertamente, es donde he disfrutado como un niño chico.

Puede que Ana se pregunte si hizo bien al regalarme este libro, si, quizás, arriesgó demasiado, si debió valorar otras opciones. Yo, en esta reseña de ¡Guardias! ¡Guardias!, le digo que no, que su regalo no puede haberme hecho más feliz, que me alegro de descubrir historias a las que, a priori, yo no haría caso, que me haya hecho viajar a Mundodisco y soñar con dragones y con héroes, con un mundo en el que todo es posible.

Título: ¡Guardias! ¡Guardias!. Autor: Terry Pratchett. Editorial: DEBOLSILLO. Edición: 2004.

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