En estos momentos, mientras escribo esta reseña de La historia inolvidable, maldigo a mi yo adolescente por no leer el libro. Creo que mi experiencia habría sido totalmente diferente. No sé de qué manera, no sé en qué medida, pero sé que habría sido totalmente diferente. Porque a mí, ya en el presente, con 31 años mientras escribo estas líneas, el libro me ha encantado. ¿Qué no habría ocurrido 15, 16, 17 años atrás?
Del libro son varios los aspectos que me han gustado.
Empiezo hablando del formato, de cómo Michael Ende juega con la metaficción, construyendo por momentos dos historias en un mismo libro, con la particularidad de que una de ellas está dentro de la otra. También de lo bonito que es que estas dos historias se diferencien no sólo en el contenido, sino en la forma: letras azules para una, rojas para otra. Y de lo curioso que es que cada capítulo empiece con una letra del abecedario en estricto orden, desde la A a la Z. Cada detalle está cuidado.
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Y nada da un poder mayor sobre los hombres que las mentiras. Porque esos hombres, hijito, viven de ideas. Y éstas se pueden dirigir.
Seguimos con la reseña de La historia interminable. Puedo hablar del contraste entre el contenido y el continente. Porque este libro se escribe y se lee con un lenguaje sencillo, enfocado a un público más juvenil, pero los temas que trata, especialmente en una de las historias, son difíciles de digerir. Cuestiones de la vida adulta, de la vida real, que no siempre resultan amables. La familia, las relaciones, el duelo, la apariencia, la aceptación. El querer querer y el querer ser queridx.
También la tristeza, en una escena que, en apariencia sencilla, habla de cómo ésta lo cubre todo, de cómo arrebata las ganas de luchar, de vivir, hasta llevarte a la muerte. La tristeza y la depresión reflejadas en un mundo de fantasía.
Pero, si hay algo de lo que quiero hablar en esta reseña de La historia interminable, y, quizás, deberías dejar de leer si no quieres un pequeño spoiler, es de lo bien que Ende muestra el auge y caída de su protagonista. Es magistral cómo narra este hecho, llevando a quien lee de la pura inocencia a la más absoluta oscuridad. Escribe de tal manera que la evolución se produce casi sin darte cuenta, sin que se vean las costuras del libro. Es un viaje del héroe construido a la perfección.
Me acuerdo ahora de mi versión adolescente que se perdía entre las páginas de Las crónicas de Narnia y de Eragon. Sin embargo, ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.


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