El día que conocí en persona a Juan Castro, autor de la maravillosa novela Belén, me habló de un libro que había leído porque tenía la sensación de que me podía gustar. Yo, dejándome llevar y fiándome de su criterio, apunté el nombre del libro en el grupo de WhatsApp que tengo conmigo mismo (COSAS 🥸). Un año y nueve meses después, al fin he leído el libro. ¿Acertó al recomendármelo? Te lo cuento en esta reseña de El fino arte de crear monstruos.
Tengo devoción por los libros narrados desde una voz infantil, porque son capaces de hablarnos de lo triste, lo extraño y lo increíble sin prejuicios, con esa inocencia que se pierde poco a poco con el paso del tiempo. En esta novela, la segunda de Silvana Svogt, todo aquello que tanto me atrae de este tipo de narradores se eleva a su máxima expresión. El resultado es una historia surrealista y llena de realismo mágico.
El fino arte de crear monstruos no sigue una estructura completamente lineal. La novela está construida a partir de pequeños episodios de la vida de su protagonista, Vidria. Cada capítulo tiene un título que anticipa la esencia de lo que vamos a encontrar en las páginas siguientes, como si la propia narradora hubiese seleccionado para nosotros aquellos momentos que considera más importantes. Y qué buena selección hace.
Uno de los grandes aciertos del libro es precisamente la voz de Vidria. A través de su mirada asistimos a situaciones que podrían parecer imposibles, pero que ella cuenta con una naturalidad absoluta. La autora consigue que lo extraño se convierta en cotidiano y que, detrás de cada escena, haya mucho más de lo que parece a simple vista.
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Pensé que, si todo podía ser tan pero tan relativo, bien podía suceder que la mentira solo fuera otra forma de explicar el mundo, que la mentira fuera, si acaso, la mejor versión de una historia. Una verdad a medida.
¡Continúo con la reseña de El fino arte de crear monstruos! También destaco el estilo de Silvana Svogt. Utiliza recursos que funcionan a la perfección porque no están ahí únicamente por una cuestión estética, sino porque tienen una función dentro de la historia. Mención especial al bendito tenedor. La novela crece a medida que avanza, al igual que su protagonista, que llega al final cargada de aprendizajes y experiencias.
Y hablemos del humor. ¡El humor! Uno de los grandes regalos del libro es la capacidad que tiene para hacer reír incluso en situaciones completamente absurdas o dolorosas. Los ataúdes, los paracaidistas, el salto en trampolín, el escorpión, el robo de frutas… Cada escena es una pequeña muestra de la imaginación desbordante de la autora. Imaginación y creatividad, porque todo en esta novela rebosa creatividad: desde la propia idea del libro hasta el uso de los nombres de personajes (jamás pensé que disfrutaría tanto leyendo nombres). Incluso esos pequeños detalles consiguen construir un universo propio, extraño y maravilloso.
Me gusta descubrir libros de los que, a mi alrededor, no se habla tanto. Me dan la oportunidad de ser pesadísimo con ellos y tratar, de todas las formas posibles, de que otras personas se pierdan entre sus páginas y disfruten tanto como yo. El fino arte de crear monstruos va a ser uno de esos libros.


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