Puede sonar obvio, pero no siempre lo tenemos en mente: me gusta leer libros que me hacen sentir. ¿El qué? Depende. A veces, es rabia; otras, alegría; otras, dolor; otras, tristeza; otras, fascinación; otras, terror. Y eso es justo lo que he sentido con este libro de Stephen King. Terror. Te cuento más en esta reseña de Cementerio de animales.
He empezado el libro esperando un terror físico, evidente, visceral, como el que Stephen King despliega en Misery, pero pronto me he dado cuenta de que, en esta historia, el miedo tiene otra forma: se construye a partir de lo que todos conocemos y tememos, pero rara vez enfrentamos de manera tan directa: la muerte. La muerte y todo lo que conlleva. La muerte, pero también el duelo que la acompaña, esa incapacidad de aceptar la pérdida que se enquista y envenena, impidiéndonos aceptar el curso natural de la vida.
No quiere decir que el libro carezca de escenas explícitas. Hay momentos viscerales que me han puesto la piel de gallina, especialmente en el tramo final. Ahí se encuentra el King más reconocible, el que transforma la historia en algo todavía más intenso y perturbador, un horror que trasciende lo físico y cala en lo emocional.
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Cuando deja de doler, deja de importar.
¡Sigo con la reseña de Cementerio de animales! Lo que más me ha fascinado, sin embargo, es cómo juega con quien lee. Unx cree anticipar A y ocurre A, y, entonces, piensa que la historia es un tanto predecible. Entonces, el autor juega sus caras y entran en escena una segunda, tercera y cuarta capa: detrás de A, están B, C y D, generando un efecto sorpresa. Esta estructura, que se repite a lo largo del libro y funciona con la precisión de un reloj, es un ejercicio de narración que demuestra por qué Stephen King sigue siendo un maestro indiscutible del suspense, del terror.
Y, ahora, toca hablar de algo que me ha incomodado del libro: el retrato de las mujeres. Entiendo que hay que situarse en el contexto de la época —el libro se publicó en 1983 y transcurre en 1984—, pero, a veces, se presentan como un adorno del hombre, como seres cuya existencia gira alrededor de sus deseos. Esto se nota especialmente en la figura de Rachel, a través de escenas de corte sexual que, a mi juicio, no aportan nada relevante a la historia y resultan innecesarias.
Entonces, ¿recomiendo el libro? Por supuesto. Cementerio de animales es un relato de terror, pero también un examen sobre la muerte, el duelo y la fragilidad humana, envuelto en la prosa impecable de Stephen King. Yo me he ac*j*nado vivo.


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