Escribo esta reseña de Misery desde el trauma. No sé cuántos días han pasado desde que acabé el libro. ¿Tres? ¿Cinco? He perdido la cuenta, creo. Como Annie, que olvida pasar las páginas del calendario. Como Paul, que lleva tanto tiempo instalado en un lugar sombrío que ya no recuerda cómo era su vida antes. No sé.
El libro de Stephen King es la clara definición del terror. Un terror explícito, visceral. Perverso y sangriento. Y, en medio de todo, se encuentra Annie Wilkes, el monstruo que lo arrasa todo, que protagoniza escenas para las que hay que tener estómago si unx no quiere rozar el desmayo mientras lee. Un monstruo que, en parte, es víctima. Víctima del sistema, sí. Una persona con evidentes problemas de salud mental que es abandonada y repudiada. Entonces, se vuelve imparable, un peligro. Y, aunque no se justifican sus actos, sí se entienden (no se comparten) sus motivaciones.
Frente a ella, está Paul Sheldon, el escritor, el famoso, el exitoso. Un hombre atormentado que cree conocer el lado oscuro de la existencia. Entonces, conoce a Annie, su fan número uno. Entonces, descubre el verdadero horror. Lo descubre y sufre sus consecuencias. Nefastas, repugnantes.
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¡Usted no reconocería la buena literatura aunque viniera caminando y le mordiera la nariz!
Frente a ellxs, está quien lee el libro, que se enfrenta a la historia con una mezcla de espanto y adicción. Porque Stephen King escribe con tanto detalle, y tan bien, que resulta imposible apartarse de la historia. Con capítulos cortos, que facilitan la lectura, unx se pierde entre las páginas del libro y, cuando se da cuenta, quiere más y más hasta llegar a un final de infarto.
Escribo esta reseña de Misery desde el trauma, sí. Sé que no digo nada nuevo. Otrxs ya lo han hecho antes, incluso mejor. Es muy probable que la película basada en el libro, que no he visto por mi aversión al miedo (¡sólo en los libros!), sea un mejor retrato. Sin embargo, yo he venido aquí a hablar de su libro, del de Stephen King. Y quiero decir que, si tienes cuerpo y alma, te atrevas a leerlo. Indiferente no te dejará. Eso te lo aseguro.


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