Bunker Books ha editado en España este libro de Fiend Veldman que a mí me ha parecido, simple y llanamente, un ejercicio de narración impecable. Porque, como he leído por ahí, convierte lo cotidiano en una aventura extraordinaria gracias a una serie de factores que detallo en esta reseña de Xerox.
Dividido en cuatro partes —la tercera es, sencillamente, maravillosa; qué ejercicio tan ingenioso—, el libro nos pone en la piel de una persona alérgica al esfuerzo, para quien enfrentarse a las tareas más nimias supone un auténtico desafío. Durante la lectura no he podido dejar de pensar en las personas con depresión, en aquéllas para las que lo cotidiano se convierte en una cuesta arriba constante, casi en un infierno.
La protagonista es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la novela. Me ha caído especialmente bien, sobre todo por sus rarezas. Es un personaje snob, completamente fuera de las normas sociales, y, aun así, resulta imposible no empatizar con ella. Sus conversaciones con la impresora, la forma en que se relaciona con sus compañerxs de trabajo —esa fantasía absoluta de referirse a ellxs por el departamento al que pertenecen en lugar de por su nombre—, sus investigaciones tan inverosímiles como interesantes, o su manera de hablar de algo tan aparentemente trivial como imprimir o responder correos. Todo en ella me ha conquistado.
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El ser humano se sobrestima a sí mismo y a su propia importancia, y también lo hace la psique del empleado. Es el único modo de que acuda a trabajar todos los días.
¡Continúo con la reseña de Xerox! El formato acompaña muy bien a esta protagonista. La historia avanza en primera persona, pero se intercala con fragmentos de reflexiones que ella —nunca llegamos a saber su nombre— comparte con la impresora. Este diálogo constante refuerza la sensación de aislamiento y, al mismo tiempo, construye un espacio más íntimo, permitiendo a quien lee conocerla un poco mejor.
A lo largo de todo el libro se presenta, además, un discurso muy claro. Por un lado, una reflexión sobre las desigualdades sociales y cómo estas determinan las vidas de las personas según el lugar que ocupan: los ricos son ricos y viven como ricos; los pobres son pobres y, en muchos casos, apenas pueden permitirse vivir. Por otro, una crítica directa al mundo empresarial y a la cultura del esfuerzo, a esa idea tan interiorizada de que nuestro trabajo define nuestro valor, cuando, en realidad sólo somos números, cifras prescindibles. Nada más.
En conjunto, Xerox me ha gustado muchísimo. No creo que sea un libro para todo el mundo, pero tengo clarísimo que merece la pena leerlo. Ha sido mi última lectura del año… y yo que me alegro.


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