La sinopsis dice la verdad: lo mejor que puede hacer una persona es leer Vestido de novia sin tener demasiada información del libro. Sin antes investigar sobre la historia, sin profundizar en los aspectos que trata, sin leer lo que otrxs tengan que decir. Sin embargo, si, pese a esta recomendación, decides seguir adelante, este servidor, yo, tiene algunas cosas que decir…
Pierre Lemaitre ha escrito uno de los mejores thrillers que he leído, afirmación que hago sin miedo a exagerar. Es muy probable que haya quien considere que lo hago (exagerar); basta con dejarse caer por Goodreads y leer algunas críticas (¡no lo hagas!). Exagerado o no, el libro cuenta con todos los ingredientes para ser el éxito de ventas que es.
El libro está dividido en tres partes, a las que, en un ejercicio de innovación, misterio y simplicidad, llamaremos A, B y AB. Esta estructura es la que aumenta el potencial narrativo de la historia, porque establece un juego de muchas posibilidades.
La parte A, narrada en tercera persona, nos presenta a Sophie Duguet, la protagonista del libro. Un personaje muy bien definido que se enfrenta a un problema: ha perdido, de forma paulatina, el control de su vida. En un principio son casos aislados e insignificantes, pero, a medida que avanza la historia, la gravedad de los hechos aumenta de forma considerable. Esta parte se caracteriza por el desconcierto que vive Sophie, un desconcierto que también experimenta la persona lectora. La sensación de amenaza es constante.
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Aunque no sea amor, hay algo que les hace sentirse bien, algo que se parece a un cansancio inmenso.
La parte B da un giro radical a la historia: pasa a ser narrada en primera persona, ofreciendo un nuevo punto de vista de lo leído en la primera parte. Las páginas que llegan arrojan luz sobre lo que ocurre y, aunque el relato es el mismo, la persona lectora no lo ve con los mismos ojos, porque se añaden nuevas capas de significado.
La parte AB, la más corta de Vestido de novia, no logra mantener el interés de sus antecesoras. Descubierto el pastel, la monotonía se hace con el control del relato, que, en ocasiones, llega a resultar prescindible. Sin embargo, el autor logra salvar los muebles con un cierre, cuando menos, curioso. Y, sobre todo, muy poético.
Todas estas partes están aderezadas con grandes dosis de misterio, atractivo y buen ritmo. Es empezar y no parar, como cuando compras un paquete de galletas y te prometes que, esta vez, vas a ir poco a poco. Pero no. Siempre es mentira. Nunca dosificas.
Con este libro es igual, exactamente igual.


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