Una herida incurable es un texto teatral contundente, desgarrador y valiente que se adentra en uno de los temas más dolorosos y urgentes de nuestra sociedad: los abusos a menores en un colegio religioso. Pero no se queda ahí; también desenmascara la homofobia enquistada, la corrupción sistémica en las instituciones más poderosas —la Iglesia, el sistema judicial y el Gobierno— y cómo todo esto se entrelaza para proteger a quienes deberían ser responsables y proteger a los más vulnerables.
Aunque el teatro no sea mi género predilecto y apenas haya explorado este formato, la forma en que Jon Viar construye esta obra ha hecho que me enganchase desde el primer momento. Con tan solo 128 páginas, Una herida incurable se lee casi de un tirón, gracias a un ritmo implacable, un diálogo directo y una narración que golpea sin piedad, sin dejar espacio para el respiro.
❝
¿Qué podemos hacer cuando no es solo una manzana la que está podrida? ¿Cómo afrontar que el bosque entero decae lentamente?
La obra no sólo expone hechos, sino que interpela, molesta, incomoda y, sobre todo, enfurece. Es imposible no salir del libro con un enfado visceral. Porque, a pesar de la conciencia de que el mal existe y siempre ha existido, unx se encuentra con que la rueda gira y gira y gira, acumulando más horror y más impunidad de la que unx creía posible. Y esa constancia del abuso y la corrupción no hace más que acrecentar el sentimiento de impotencia y desesperanza.
Jon Viar, con su estilo afilado y sin concesiones, no sólo denuncia, sino que invita a reflexionar, a no mirar hacia otro lado y a cuestionar esas estructuras que parecen intocables. La obra funciona como un espejo incómodo que refleja una realidad que, aunque conocida, sigue siendo demasiado silenciada.


0 comentarios