Tengo la enorme suerte de recibir libros por parte de las editoriales. La mayor parte de las veces son libros que conozco o sobre los que investigo antes de aceptar —tengo un miedo enorme a que un libro no me guste—. Sin embargo, en ocasiones ocurre que las editoriales me envían libros sin previo aviso —yo, siempre agradecido— y, entonces, surge la pregunta: ¿estará hecho para mí? Con la novela debut de Claire Lynch ha pasado exactamente eso y, en esta reseña de Un asunto de familia, te cuento el veredicto.
El libro comienza con mucha fuerza, con una escena en un supermercado que produce ternura a la vez que conmoción. Es tal el poder de esas primeras páginas, que cautivan con facilidad, que unx desea que, tras ellas, no llegue una historia superficial o banal. Por suerte, ocurre justo lo contrario: la novela parte de lo aparentemente cotidiano para profundizar poco a poco hasta alcanzar una gran carga emocional.
La historia transcurre en dos tiempos diferentes, 1989 y 2023, una decisión especialmente acertada cuando se entiende por qué la autora ha elegido precisamente esos dos años —algo que explica en las notas finales—. Aunque, en un primer momento, puede parecer que estamos ante dos historias distintas compartiendo espacio dentro del mismo libro, a medida que avanzan las páginas pasado y presente convergen de una forma admirable. En esta historia, el presente, agitado, conmovedor y esperanzador, no puede entenderse sin el pasado, esperanzador, conmovedor y agitado.
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Serás tantas personas a lo largo de tu vida que un día mirarás atrás y no reconocerás siquiera a alguna de las que has sido.
¡Sigo con esta reseña de Un asunto de familia! Desde lo cotidiano, la autora aborda episodios de enorme dureza. Lo que se cuenta es ficción, sí, pero, durante muchas décadas, fue la realidad a la que se enfrentaron muchas mujeres y, en consecuencia, sus hijxs. En sus páginas, Un asunto de familia recoge algunos de los actos más viles cometidos en nombre de una supuesta moralidad que, vista desde hoy, resulta una auténtica aberración; al menos, por suerte, para gran parte de la población.
Mientras todo eso ocurre, los personajes libran sus propias batallas. El padre moribundo que guarda un secreto inconfesable. La hija y madre que se enfrenta a sus propios demonios mientras la visita el fantasma de las Navidades pasadas. La madre que, al decidir vivir su vida, pierde aquello que más quiere. Es ahí, en la narración de esas vidas marcadas por el dolor, donde el libro encuentra su verdadera fuerza. Porque emociona desde la sencillez, sin grandes artificios, dejando que sea la propia historia la que haga todo el trabajo.
Trato de elegir muy bien qué libros leo. La vida es muy corta y no quiero desperdiciar el tiempo con historias que no disfruto. Sin embargo, a veces llega una editorial, rompe todos mis esquemas y, con ello, me convierte en un lector tremendamente feliz. El enésimo recordatorio de que las cosas rara vez salen como unx espera. Y no pasa nada.


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