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Reseña Un amor
192 páginas

Reseña Un amor

La historia de Un amor ocurre en La Escapa, un pequeño núcleo rural donde Nat, una joven e ​inexperta traductora, acaba de mudarse. Su casero, que le regala un perro como gesto de bienvenida, no tardará en mostrar su verdadera cara, y los conflictos en torno a la casa alquilada –una construcción pobre, llena de grietas y goteras– se convertirán en una verdadera obsesión para ella. El resto de los habitantes de la zona –la chica de la tienda, Píter el hippie, la vieja y demente Roberta, Andreas el alemán, la familia de ciudad que pasa allí los fines de semana– acogerán a Nat con aparente normalidad, mientras de fondo laten la incomprensión y la extrañeza mutuas.

Y qué digo yo...

Un libro que, en un giro irónico, se instala en todo salvo en el amor. Lo que aparenta ser una historia sencilla en un entorno rural se convierte, desde sus primeras páginas, en una experiencia de creciente incomodidad. Aquí no hay ternura ni consuelo: hay tensión, desasosiego y una constante sensación de amenaza latente. Te cuento más en esta reseña de Un amor.

Con una prosa tan contenida como afilada, Mesa logra trasladarnos al ambiente de La Escapa, un pueblo donde sucede de todo. La calma del paisaje es sólo la superficie de una inquietud que va escalando con cada gesto, con cada silencio, con cada mirada no dicha. En este pueblo, la paz es una ilusión: detrás de lo aparentemente estático se libra una guerra sorda entre prejuicios, violencias y abandono emocional.

En el centro de todo está Nat, una protagonista que desconcierta, irrita y fascina. Su manera de habitar el mundo —desganada, incómoda, reactiva— frustra tanto como interpela. No es fácil empatizar con ella, y tal vez ahí reside parte del mérito de la novela: en cómo nos enfrenta a nuestras propias grietas. Porque lo que más incomoda de Nat no es su oscuridad, sino lo que en ella reconocemos de nosotrxs mismxs. Esa sensación de no pertenecer, de no saber estar, de intentar algo que no sabemos muy bien qué es… hasta que ya no queda más que la rendición.

El malestar de la felicidad es una idea que le ronda ahora con insistencia: un tipo de felicidad que contiene en sí misma la semilla de su propia destrucción.

Un amor no es un relato complaciente. Lo que perturba no es un gran suceso, sino la suma de detalles minúsculos: una conversación tensa, una reacción inapropiada, una decisión que parece errónea incluso antes de tomarla. La novela está poblada por personajes secundarios tan opacos como reales, que no ayudan ni consuelan, pero que reflejan con precisión la hostilidad cotidiana del entorno. Aquí no hay antagonistas claros; hay seres humanos llenos de ambigüedad, como tú o como yo.

La única objeción —si hay que poner alguna en esta reseña de Un amor— es la extensión de los capítulos: largos, densos, difíciles de abordar si se busca una lectura fragmentada. Pero también eso forma parte de la propuesta: obligarnos a quedarnos en la incomodidad, a no huir cuando las emociones se vuelven espinosas.

Porque, en el fondo, Un amor no se limita a contarnos una historia: nos la hace sentir. Y esa es, quizá, su mayor virtud. Es un libro que se sufre y se disfruta a partes iguales. Un libro que deja huella no por lo que dice, sino por lo que remueve. Y eso lo convierte en una lectura tan valiosa como incómoda. Tan inquietante como inolvidable.

Título: Un amor. Autora: Sara Mesa. Editorial: Editorial Anagrama. Edición: 2020.

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