En Tostonazo conviven, en principio sin intención, dos libros a la vez. En todo momento, ambos comparten protagonista y tiempo, pero difieren en espacios y subtramas. En ocasiones, los unen los personajes secundarios.
El primer libro es un homenaje al mundo cinematográfico, con sus sus luces y sus sombras. A quienes tienen sueños y los pierden. A quienes, faltos de talento, destrozan las ilusiones de otrxs. A esas películas que podrían haberlo sido todo y, sin embargo, se quedan en la nada más absoluta.
Este primer libro está lleno de un lenguaje mordaz, de un ritmo trepidante, de un gancho perfecto. Una historia mundana que atrapa; de ésas que cualquiera quiere leer de golpe por miedo a que se escape para no volver. Un relato que destripa y pone las cartas sobre la mesa: en esta vida, siempre ganan quienes tienen el poder. Una realidad bochornosa que enfurece, que hace rabiar y llorar hasta que uno se da por vencido, hasta que se resigna porque vida no hay más que una, y, en ésta, el infierno es para (casi) todxs.
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Para eso creía en Dios: para poder cagarse en él.
El segundo libro es el hermano que llega después para vivir a la sombra del mayor. Es gracioso por momentos, y consigue encajar en muchas ocasiones, pero nunca será como su predecesor. Entonces, se conforma con ser y estar, porque a alguien gustará, y eso es suficiente.
Este segundo libro es menos ambicioso. No resulta tan atractivo, a pesar de los giros de guion que lo protagonizan. Una historia mundana que, en ocasiones, resulta densa; de ésas que unx ha visto anteriormente, aunque no sepa dónde. Un relato que no pone ninguna carta sobre la mesa porque el otro jugador, el hermano ejemplar, lo ha desarmado. Una realidad que llega a sorprender, pero sin llegar, quizás, a compensar el desinterés que provoca por momentos.
Tostonazo es, sin querer, dos libros a la vez. Uno es más guapo; otro, más del montón. Sin embargo, ninguno imagina su vida sin el otro. Porque ninguno de los dos sería posible sin el otro.


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