¡Anécdota antes de comenzar esta reseña de Todos quieren a Daisy Jones! Cuando empecé a estudiar Periodismo y Comunicación Audiovisual, me imaginaba haciendo entrevistas en profundidad, investigando durante semanas, reconstruyendo vidas a partir de voces y silencios. Algo así como lo que hace la autora en este libro. La realidad fue muy distinta. Ahora me dedico a las redes sociales. No está mal, pero, siendo sincero, me podría haber ahorrado la carrera.
En el libro, Taylor Jenkins Reid construye toda la historia a través de declaraciones de los personajes. No hay un narrador omnisciente, ni descripciones detalladas, ni largas introspecciones. Sólo versiones. Recuerdos. Testimonios que, a veces, encajan y, otras, se contradicen. Un acto arriesgado, sí, pero que, en este caso, funciona a la perfección.
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Las grandes historias se construyen con pequeños detalles que van acumulándose hasta formar un todo.
Porque ¿quién mejor que quienes estuvieron allí para contar lo que pasó? El ascenso y la caída de una banda de rock marcada por el talento, los egos, los excesos. Sexo, drogas y rock and roll. No como una frase manida, sino como núcleo real del relato. El libro va de eso, y también de todo lo que se arrastra cuando se mezcla. La admiración, el deseo, la pérdida de control. El daño.
Una historia que se lee casi sin respirar, como si unx estuviese viendo un documental que te engancha desde el primer minuto. Una tragedia contada con ritmo y con pulso. Y, por supuesto, con mucha música.


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