Bastó con leer la sinopsis para añadir este libro a mi lista de pendientes. Por mi cumpleaños, aunque había dicho que no quería más libros, terminé pidiéndoselo a Jamie, y él, que sólo quiere verme feliz, me lo regaló. Dos semanas después, ya acabado, ¿ha cumplido con mis expectativas? Te lo cuento en esta reseña de Te hice dios.
Si hay algo que, claramente, juega a favor de la novela debut de Marcos Augusto, es su premisa. La idea de explorar la relación entre dos personas —una busca el VIH; la otra promete dárselo—, con dinámicas tan tóxicas como peligrosas, resulta, sobre el papel (nunca mejor dicho), de lo más atractiva. A través de ellos, asistimos a una espiral de autodestrucción, al ocaso de una relación cuyos cimientos se levantaron sobre la inestabilidad. Y bien sabe Dios, en quien yo no creo, que nada bueno sale de ello.
La novela también incorpora un interesante componente divulgativo. El autor aprovecha la historia para explicar conceptos como el bugchasing, el giftgiver o la PrEP. Todos ellos se introducen con naturalidad y resultan especialmente útiles para quienes buscan un primer acercamiento a prácticas muy extendidas en aplicaciones de sexo como Grindr.
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Cada persona elige su imagen del mundo a partir de las palabras que emplea.
A pesar de ese atractivo, Te hice dios no ha sido para mí. La principal razón es que siento que la sinopsis no refleja el tipo de libro que realmente es. Quien se acerque a la novela lo hará pensando que encontrará la historia entre una persona que busca el VIH y otra que promete dárselo. Y, aunque esa relación existe, el libro acaba siendo otra cosa. En realidad, adopta la forma de una carta, una confesión con la que el narrador intenta ordenar sus pensamientos. Ahí reside, para mí, su principal problema.
Al depositar toda la voz en un personaje que trata de confesarse y, quizá, de redimirse, el relato termina resultando caótico. Desde el principio queda claro que sólo vamos a conocer la cara más oscura de la historia, pero no he tenido la sensación de que avanzara hacia un lugar concreto. Los constantes saltos temporales y algunos capítulos que se alejan del conflicto principal acaban diluyendo el foco.
Tampoco he terminado de conectar con el lenguaje. Me ha parecido demasiado coloquial y poco cuidado, hasta el punto de transmitir la sensación de que el texto necesitaba una edición más rigurosa (aunque, probablemente, no sea así). Aunque entiendo que responde a la voz del narrador, en mi caso, no ha conseguido que la lectura fluyera.
Mi conclusión de esta reseña de Te hice dios es que es una novela con una premisa fascinante y una voluntad evidente de explorar temas poco transitados en la literatura. Sin embargo, la forma en que decide contarlos ha terminado alejándome más de lo que me ha acercado. Me quedo con las preguntas que plantea y con su componente divulgativo, pero no con la historia que esperaba encontrar.


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