Irene Solà es una de esas voces literarias que, cuando descubres, te llenan de una alegría profunda y serena. Me ocurrió hace unos años con Canto yo y la montaña baila, y, con Te di ojos y miraste las tinieblas, he vuelto a experimentar esa fascinación que sólo las obras verdaderamente especiales pueden provocar.
Este libro, que podría describirse como un cuento de hadas contemporáneo, despliega una sutil y poderosa fusión entre ficción y realidad, donde los límites se desdibujan y se confunden. Pero Te di ojos y miraste las tinieblas es mucho más que eso. Es una reflexión intensa sobre el poder inquebrantable de los vínculos que nos sostienen: esos lazos invisibles que nadie puede arrebatarnos ni robarnos. Es una celebración de la sororidad y del feminismo, fuerzas implacables que luchan, vencen y transforman el mundo a pesar de las adversidades.
La novela también indaga en el paso del tiempo y en la supervivencia, un proceso que no siempre es sencillo ni bello, y que rara vez transcurre de forma rápida. Solà aborda estas temáticas con una delicadeza y una profundidad que invitan a la reflexión pausada.
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Lo peor de todo no es morirse. Lo peor es la soledad.
Dividido en seis momentos del día —madrugada, mañana, mediodía, tarde, atardecer y noche— el libro presenta en su primera parte una complejidad que puede desconcertar. Los personajes aparecen y desaparecen casi como fantasmas, entrelazándose en relaciones misteriosas que, al principio, la persona lectora no termina de comprender. Este primer tramo exige paciencia y una entrega plena al lenguaje y la atmósfera que crea la autora.
Pero, cuando, finalmente, la historia hace «clic» en la mente, todo se transforma. La lectura se vuelve más ligera, y el relato se revela como una experiencia grandiosa e inolvidable. En ese momento, unx siente el deseo de regresar al principio, para releer la novela con otros ojos: unos ojos que ya entienden, aceptan y se maravillan con la magia y lo imposible que se esconden en cada página.
Te di ojos y miraste las tinieblas es, en definitiva, un viaje literario hacia lo profundo de la existencia, una invitación a mirar las tinieblas no con miedo, sino con fascinación y esperanza. Irene Solà nos regala, una vez más, una obra que permanece en el alma mucho tiempo después de terminarla.


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