El debut literario de Meryem El Mehdati, Supersaurio, es, de principio a fin, un regalo. La forma en que la autora consigue encapsular la rabia, el desencanto y el desamor en una narración cargada de humor corrosivo es, simplemente, brillante. No hay fisuras. No hay un «pero». Hay verdad, mucha verdad.
A lo largo de sus páginas, resulta casi imposible no sentirse reflejadx en la protagonista, una joven atrapada en ese limbo laboral-emocional que define a toda una generación. La que se ha criado entre promesas incumplidas, sueldos basura, jefxs que no se saben sus nombres y una precariedad que lo impregna todo: desde el contrato hasta las relaciones afectivas. Esa sensación de estar constantemente decepcionadx con el presente y, al mismo tiempo, exhausta ante la idea de construir cualquier tipo de futuro.
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Filosofo que quizá la felicidad no es ser sino estar. Uno no puede ser feliz siempre. Uno está feliz a veces.
Pero lo más poderoso del libro es que no recurre al dramatismo fácil ni a la autocompasión. Al contrario: Supersaurio es una comedia con dientes afilados, un ejercicio de humor incómodo que se ríe de lo que duele porque, cuando todo es tan absurdo, lo único que queda es la risa. La risa amarga, sí, pero liberadora. Y, en esa carcajada, se esconde el gesto político más honesto de nuestra generación: reconocer que no hay plan y que, pese a todo, aquí seguimos.
La voz de Meryem El Mehdati es una de esas que no se olvidan.Cercana, irónica, directa y llena de una inteligencia emocional que no se enseña en los talleres de escritura. Con ella, la literatura se vuelve urgente, incómoda, necesaria. Y profundamente actual.
Por eso no lo pido: lo exijo. Lee este libro. Es una orden. Una obligación moral. Una necesidad generacional. Léelo, subráyalo, compártelo, pásalo de mano en mano. Que la voz de Meryem vuele de Puerto Rico a cualquier rincón en el que alguien se haya sentido estafado por la vida adulta.


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