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Reseña Reliquia
160 páginas

Reseña Reliquia

Diez años después de la muerte de su padre, el narrador de este libro decide escribirla. Con la sombra del suicidio privándole del duelo, se pregunta: ¿es posible encontrar las palabras de una despedida que no se produjo? Así, este relato personal e íntimo se convierte en una búsqueda para entender cómo se forjan los vínculos familiares, a qué condena el silencio, dónde se esconde la verdad de una historia.

Pero la escritura falla, y el autor recurre a las biografías de escritores que se suicidaron y a sus últimas notas para reconstruir un adiós posible, tentativo. Solo con una narración polifónica y coral podrá volver a los rincones olvidados de la propia vida, allí donde la memoria se vuelve vacío.

Reliquia se transforma, entonces, en una crónica familiar que contiene una reflexión sobre la llegada a la escritura y el sentido de la creación; un texto sobre la muerte y la ausencia que conduce a los momentos más deslumbrantes de la amistad y el amor.

Y qué digo yo...

Desde que tengo uso de razón, me ha acompañado el miedo a la muerte, a que termine esta vida, que, muchas veces, no aprovecho, y darme cuenta, o no, porque ya no estaré aquí, de que podría haber sido más de lo que ha sido, de que se ha acabado y, después, no hay nada; nada queda. En los últimos años, este miedo se ha acrecentado a medida que he visto a mis padres hacerse mayores. Sin embargo, leer este libro ha hecho que ese miedo, de alguna manera, pierda sentido y fuerza. En su lugar, mientras escribo esta reseña de Reliquia, ha florecido la sensación de tener suerte. La suerte de verlxs, a mi madre y a mi padre, soplar velas cada año.

En Reliquia, Pol Guasch defiende que lo que escribe no es un homenaje a su padre. Quizás, es muchas cosas a la vez.

Es, quizás, una forma de recordar, un ejercicio de memoria que permita separar lo malo de lo bueno para, entonces, llegar a la verdad. Y esa verdad duele, porque unx nunca está preparado para perder a un padre, mucho más cuando se es joven, mucho más cuando su marcha no se ajusta al curso natural de la historia.

Una intención de dar forma y poner nombre a su historia, reflejado en esos pasajes sobre escritoras y escritores que, incapaces de encontrar consuelo, pusieron fin a su vida. Una decisión que eleva la propuesta, dando contexto justificado, sin percibirse como palabras vacías e innecesarias.

 

Mientras existieran ventanas, el más débil de los humanos tendría su parte de libertad.

 

Es, quizás, un relato fragmentado que cumple a la perfección con su cometido, porque la memoria, ésa que tratamos de recuperar, no es lineal; avanza y retrocede constantemente. Y donde muchas personas verán cierta repetición caótica, yo veo a un chico de 28 años intentando encontrar respuestas a unas preguntas que la vida le ha obligado a hacerse.

Un acto de perdón, de tratar de encajar todas las piezas de un puzzle roto para, entonces, aceptar, aclarar y sanar. Y darse cuenta de que ese puzzle, la vida, no volverá a ser como antes, pero seguirá siendo vida. Una que merece la pena vivir, incluso cuando no lo parece.

Es, quizás, un homenaje a su padre. Porque, en Reliquia, hay un hombre lleno de sufrimiento que busca y sólo encuentra una salida posible, pero hubo una vez en que fue mucho más. Un hombre que un día se enamoró sin palabras, con una mirada. Que quiso escribir para hallar refugio en las palabras, en lo que muchas veces no somos capaces de verbalizar. Un hombre que un día decidió ser padre y movió cielo y tierra para conseguirlo.

Cuando, el año pasado, leí En las manos, el paraíso quema, supe que no sería el último libro de Pol Guasch que tendría entre mis manos. Porque podía intuir que la sensibilidad con la que contaba la historia de Lito estaría presente en toda su obra, en las novelas que llegarían después. Un año después, descubro que no me equivoqué. A los hechos, esta reseña de Reliquia, me remito.

Título: Reliquia. Autor: Pol Guasch. Editorial: Editorial Anagrama. Edición: 2026.

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1 Comentario

  1. OSCAR RABADAN

    Para mí ha sido una lectura muy reflexiva.

    Pol abandona su maravillosa y extraña ficción para crear un relato de su memoria. Nos cuenta el suicidio de su padre, también el de su abuelo. La historia que se repite. Comienza reprochando que no le dejó una nota. Y mezcla su historia con las de muchos escritores y escritoras, poetas y poetisas que se suicidaron y si dejaron esa nota final.
    Hay una frase que me ha impactado porque no lo había pensado y es la verdad tras una muerte: la tragedia no es la ausencia, la tragedia es que la vida sigue en la ausencia y nada se para.
    La película Aftersún se puede describir como el retrato de como la memoria se desvanece.
    Es una de mis películas fetiche. Es un tema que siempre me ha perturbado y me provoca curiosidad. El primer libro que leí de Delphine de Vigan, es también un relato de la memoria del suicidio de su madre. Es un libro brillante, luminoso.
    Reliquia también lo es. Porque la memoria que se desvanece puede refulgir y convertirse en una súper nova que deja tranquilad al apagarse.

    Una de esas historias que como las entre telas dan cuerpo a un vestido y enriquecen
    esta novela:
    ¡Qué emocionante es el último trayecto en taxi de la escritora Clarice Lispector y su amiga Olga Borelli! Van al hospital, Clarice ya no saldrá de allí. Y le piden al taxista imaginar que están en Paris y que él también lo esta, con su mujer.
    «Me gustaría imaginarte llegando a la muerte acompañado, de la mano de alguien con quien mirarte y decirte que vais a Paris, convencidos en un taxi de que los finales son decisivos: habría podido ser yo, me habría gustado acompañarte. O tal vez, en cierto modo, ya te había ido acompañado durante muchos años.»

    Otra de ellas:
    Casi al final del libro, Pol nos habla de la muerte de una de las escritoras más influyentes y reputadas de la historia. Tras leerlo, escribí un resumen porque, aún sabiendo su fin, desconocía un detalle fundamental, la carta.
    En la nota de suicidio de Virginia Woolf a su marido Leonard, están posiblemente las palabras mas bellas que jamás se han escrito sobre el amor y la gratitud. Virginia está enferma y no puede más, cree que no podrá superar otra recaída, recoge piedras, las mete en su abrigo y se mete en un río. Antes de hacer todo eso, escribe temblorosa, su infinito agradecimiento por una vida compartida.

    Me declaro profundamente enamorado de la escritura de Pol
    Guasch.

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