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Reseña Rebelión en la granja
144 páginas

Reseña Rebelión en la granja

Esta sátira de la Revolución rusa y el triunfo del estalinismo, escrita en 1945, se ha convertido por derecho propio en un hito de la cultura contemporánea y en uno de los libros más mordaces de todos los tiempos. Ante el auge de los animales de la Granja Solariega, pronto detectamos las semillas de totalitarismo en una organización aparentemente ideal; y en nuestros líderes más carismáticos, la sombra de los opresores más crueles.

La presente edición, avalada por The Orwell Foundation, sigue fielmente el texto definitivo de las obras completas del autor, fijado por el profesor Peter Davison. Incluye un epílogo del periodista y ensayista Christopher Hitchens, que pone de relieve la importancia del autor en nuestro tiempo.

Y qué digo yo...

Todo lo que camina sobre dos patas es un enemigo. Todo lo que camina sobre cuatro patas o tiene alas es amigo. Ningún animal llevará ropa. Ningún animal dormirá en una cama. Ningún animal beberá alcohol. Ningún animal matará a otro animal. Todos los animales son iguales.

Mi amiga Alba me regaló este libro. Siempre ha sido bastante insistente —hay quien diría «pesada»— con George Orwell en general y con esta obra (y con 1984) en particular. Supongo que, harta de que yo no le hiciese caso, decidió solucionarlo a su manera. Un plan infalible: regalármelo, leerlo y comentarlo. Lo que tengo que decirle lo escribo ahora en esta reseña de Rebelión en la granja.

Para sorpresa de nadie, la historia que se cuenta me ha encantado por dos motivos principales: el mensaje y la forma. Empiezo por lo primero.

Una historia sobre el totalitarismo, sobre el abuso de poder, sobre la propaganda, sobre la cultura del esfuerzo. En apenas 120 páginas, Orwell logra contar un relato de auténtico terror que, en más de una ocasión, ha llegado a ponerme los pelos de punta; especialmente, con Boxeador, un personaje que es la clara representación del trabajador que piensa que el esfuerzo tiene recompensa y, por el camino, se olvida de vivir. Pero también con las escenas en las que se evidencia la manipulación por parte de algunxs, momentos que han logrado enfadarme porque lo que el autor publicó en 1945 es, décadas después, de total vigencia.

 

Los animales que estaban fuera miraban a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál era cuál.

 

La historia es, sin lugar a dudas, buena. Sin embargo, es la forma lo que ha logrado enamorarme. Porque la idea de contar los hechos mediante una fábula y una sátira es lo que los hace tan interesantes y tan atractivos. Al dar voz y sentimientos a toda clase de animales, desde ovejas hasta cerdos —arte puro el arco de estos animales—, pasando por gallinas, perros o caballos, lo que se cuenta se ve con otros ojos. Cuando unx lee, es capaz de apreciar mucho más situaciones muy concretas, pequeños matices que, como humanx, da por hecho cada día. Si esto ocurre, es también por el lenguaje. George Orwell utiliza una narración de gran sencillez —en ocasiones, tan sencilla que parece que estamos ante un cuento infantil (nada negativo)— que permite que la lectura avance con fluidez.

Rebelión en la granja es, en esencia, un libro que cumple con dos propósitos: entretener y hacerte reflexionar. Creo que es esa característica, ese punto de encuentro entre las lecturas más ligeras y las más sesudas, la que lo ha convertido en el clásico que es. Uno que a mí me ha enamorado (¡Alba, celebra!).

¡Atención! Si decides leer esta edición, te recomiendo leer el prólogo una vez finalizado, pues, como suele ocurrir, se da información que, a ojos de muchxs, se podrían considerar spoilers. Con esta recomendación, termino mi reseña de Rebelión en la granja. Adiós.

Título: Rebelión en la granja. Autor: George Orwell. Editorial: DEBOLSILLO. Edición: 2013.

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