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Reseña Panza de burro
176 páginas

Reseña Panza de burro

«Reconozco que al principio, cuando Panza de burro sólo había crecido unos capitulitos, pensé que sería una novela sencilla y hermosa que abriría un hachazo en esa tela de invernadero que parecía ocultar un imaginario y un mundo que debían ser mostrados. Más adelante, la grandeza del libro, la inteligencia y el salvajismo de Andrea, su pulso poético y su falta total de miedo hicieron trizas la rafia, y quedó a la vista una plantación intrincada, dolorosa, inmensa, nada sencilla. Hice la primera edición en un salón de Lisboa, y creo que fue allí cuando me di cuenta de que el libro era mucho más grande de lo que imaginé. También, y esto es importante, sentí envidia. Una envidia por la imposibilidad de escribir yo algo así». —Sabina Urraca, editora del libro.

Y qué digo yo...

Si hay una palabra para definir Panza de burro, ésa es, sin duda, «contradictorio». El libro cuenta con muchísimas bondades, pero son estas mismas las que juegan en su contra y hacen que, al final, sólo existan dos opiniones: o te encanta o te disgusta; en el peor de los casos, te deja indiferente.

En la forma, Andrea Abreu sorprende. La ausencia de la estructura habitual de los diálogos, la presentación de palabras según su sonido, una clara apuesta por los canarismos o la decisión de romper con los signos de puntuación llaman la atención y hacen del relato uno más atractivo del que podría ser. Sin embargo, estos mismos elementos provocan que la persona lectora pueda desconectar, especialmente en lo que a los canarismos —a alguien que no esté familiarizado con el léxico canario le puede costar entender algunas partes— y la supresión de signos de puntuación —hay partes del texto en las que resulta difícil leer— se refiere.

A lo anterior se suma la relación entre shit e Isora. Lo que parece ser un verano de costumbrismo y descubrimiento se convierte en una relación de amistad tóxica que resulta bastante incómoda durante gran parte del relato. Isora aparece definida como un ser egoísta y abusón que trata de someter constantemente a su mejor amiga y cuyas formas y lenguaje llegan a molestar, de manera que es bastante difícil conectar con ella pese a ser solo una niña.

Yo nunca sabía decirle adiós a Isora. La miraba como quien se prepara para decir adiós por muchos años.

A favor del libro juega el momento en el que se sitúa, años en los que Aventura, Pasión de gavilanes, el Messenger, la Game Boy o Pokémon ocupaban la mayor parte de nuestro tiempo. Es fácil sentirse identificado con muchos de los guiños que hace la autora, lo que permite sacar alguna que otra sonrisa —especialmente, el capítulo dedicado a Terra—.

Pero, aun así, Panza de burro se mueve en la delgada línea que separa el «me gusta» y el «sin más». En mi caso, se puede decir que me ha parecido un libro interesante que he disfrutado más por la naturaleza de las vivencias que se muestran, propias de alguien de Canarias, que por lo que se cuenta y, sobre todo, por la forma en que se hace.

Título: Panza de burro. Autora: Andrea Abreu. Editorial: Editorial Barrett. Edición: 2020.

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