No todo el mundo es uno de esos libros que siempre ves recomendado, pero que, por alguna razón —ya sea por pereza, por mil otras lecturas pendientes o, simplemente, por no estar en el momento adecuado—, vas dejando pasar. Un día, finalmente, decides darle una oportunidad.
Entonces, en el instante en que empiezas a leerlo, te odias un poco por no haberlo hecho antes. Pero, a la vez, te quieres por haberte animado después de tanto tiempo, porque Marta Jiménez Serrano habla del amor de tantas maneras —todas igual de reales, todas igual de necesarias— que es imposible no sentirte identificado.
Y no hace falta tener un gato, ni ser expertx en cómo funciona Filmin, ni haber tenido que abandonar un piso donde has vivido parte de tu vida para entender esas historias. Porque lo que transmite va mucho más allá. Es la sensación de pérdida, de esperanza, de búsqueda, de esos amores que nos definen o que nos atraviesan y nos cambian sin pedir permiso.
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Acaso el amor sea la capacidad de que la conversación siga siendo siempre interesante.
Es un libro que habla de ese amor que, a veces, duele, que, a veces, salva, que, a veces, está y, a veces, se esfuma. De relaciones imperfectas, de momentos que se quedan grabados, de soledades compartidas y de silencios que hablan más que mil palabras.
No todo el mundo tendrá las mismas historias que las que cuenta Marta, pero seguro que todxs, en algún momento, hemos vivido alguna de esas sensaciones. Por eso, No todo el mundo es una lectura obligatoria para esta generación que, con todo al alcance, a menudo se queda con las manos vacías. Y qué tristeza.


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