Mientras escribo esta reseña de Nada se opone a la noche, me gustaría acercarme a Delphine de Vigan y decirle que puede contar conmigo siempre que lo necesite. Sé que eso no ocurrirá. Si lo hiciera, seguramente ella me respondería con un seco: «¿Pero usted quién es?». Aun así, siento esa necesidad, especialmente después de haber leído esta historia familiar oscura y perversa que ha dejado una huella profunda en mí.
El libro está estructurado de manera magistral, con capítulos narrados por una voz omnipresente que observa y juzga a sus personajes, pero también con otros centrados en el propio proceso de escritura. Ese juego metaliterario añade una capa extra de complejidad y realismo, como si la autora estuviera desnudando no sólo a sus personajes, sino también a sí misma, y a la persona lectora, sin filtros ni concesiones.
❝
Sobre toda ruina se puede volver a construir; es lo que todos, a nuestra manera, hemos hecho.
Seguimos con la reseña de Nada se opone a la noche. De Vigan construye un relato de terror cotidiano; no el terror de monstruos o fantasmas, sino el más inquietante: el terror que se esconde en las relaciones familiares, en los secretos, en las heridas no cerradas y en los juegos de poder invisibles que arrasan con todo. Cada personaje, o más bien cada persona, es víctima y verdugo a la vez, atrapado en un entramado oscuro del que nadie sale indemne. Ni siquiera quien lee, porque el libro desarma y remueve sin piedad.
«Sufrirás con este libro», me advirtieron antes de empezar. Y no les faltaba razón. Pero, más allá del sufrimiento, lo que queda es la certeza de haber vivido una experiencia literaria intensa y necesaria. Un viaje duro, incómodo, pero absolutamente imprescindible.


0 comentarios