Uno de esos libros sobre los que parece que ya está todo dicho. Porque se ha escrito, se ha adaptado, se ha debatido y se ha subrayado hasta el último suspiro. Y, sin embargo, siempre queda algo más que decir. Yo quiero intentarlo en esta reseña de Llámame por tu nombre.
En esta novela, André Aciman logra lo que parece imposible: describir con una sensibilidad estremecedora ese territorio confuso y fascinante que es el primer amor. Uno que no sólo remueve los sentidos, sino que despierta el cuerpo, la mente y el lenguaje. Un amor tan arrebatador como efímero. Uno que se instala en la memoria como un eco imposible de borrar.
La historia entre Elio y Oliver no destaca por su trama, sino por la forma en la que está contada. Por esa atención al detalle que, a veces, parece enfermiza, pero que es también lo que convierte al libro en una experiencia sensorial completa. Todo está cargado de significado: un gesto, una frase casual, una camiseta olvidada, un albaricoque.
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Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo más rápido posible que a la edad de treinta ya estamos en bancarrota y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien. Sin embargo, no sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio.
Seguimos con la reseña de Llámame por tu nombre. Lo más bonito de este libro, y también lo más doloroso, es que nunca cae en el dramatismo gratuito ni en la tragedia innecesaria. No hay castigo, no hay vergüenza, no hay censura. Sólo hay deseo, descubrimiento, pérdida. Sólo hay vida. Y eso, aunque parezca poco, es un regalo inmenso para una generación —y para muchas otras antes— que ha crecido leyendo historias donde el amor entre dos hombres era algo que se escondía, se reprimía, o se pagaba caro.
Llámame por tu nombre es una invitación a recordar. A mirar atrás y reconocerse en la exaltación, en la duda, en el deseo no dicho. A entender que hay amores que duran un verano y que, aun así, lo cambian todo. A aceptar que hay relaciones que no necesitan durar para ser eternas.


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