Las malas es un libro de desesperanza y tristeza; una obra repleta de sufrimiento, pérdidas y rabia. Pero, por encima de todo, es una historia de sororidad y dignidad.
La aparente falta de conexión de los hechos que cuenta Camila Sosa Villada ha hecho que me haya costado conectar con la primera parte del libro. No sigue una estructura narrativa al uso ni responde a un esquema convencional de introducción, nudo y desenlace. Las escenas se presentan a saltos, sin una cronología definida, lo que puede desorientar al principio. Sin embargo, esta forma de narrar responde a una lógica propia, emocional, más cercana a la experiencia vivida que al relato ordenado: la memoria, cuando duele, no sigue una línea recta. Y, en ese caos, aparente hay una verdad que se impone.
A medida que el libro avanza, la crudeza con la que habla la autora logra que quieras seguir leyendo. No se trata de morbo ni de espectáculo, sino de una necesidad profunda de comprender. Porque lo que se cuenta no es anecdótico ni marginal: es la historia de quienes han sido silenciadas durante demasiado tiempo. No hay filtros. Hay rabia. Hambre. Cuerpos que resisten. Y, sobre todo, hay comunidad.
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Nosotras, las olvidadas, ya no tenemos nombre. Es como si nunca hubiéramos estado ahí.
Este libro testimonial es un grito de guerra. Es poner el foco en quienes siempre han estado marginadas y han sido ninguneadas. Darles voz para entender sus miedos y esperanzas. Comprender que la mera existencia puede ser motivo de tristeza y frustración. Que hay personas que han sido empujadas a los márgenes no por lo que hacen, sino por lo que son. Y que, aun así, siguen construyendo espacios donde resistir juntas, donde la ternura y la amistad se convierten en formas de protección frente al mundo.
La escritura de Camila Sosa Villada está atravesada por el dolor, pero también por una lucidez feroz. La narradora observa todo con una mezcla de ternura y resentimiento, como si se negara a olvidar pero tampoco quisiera rendirse del todo. Su lenguaje, a veces poético y otras veces brutal, sirve como instrumento para nombrar aquello que ha sido sistemáticamente borrado: los abusos, las redadas, las muertes, pero también las pequeñas alegrías, las bromas compartidas, los pactos invisibles que salvan.
Este es el camino de Las Malas, uno que otras mujeres, como La Veneno, conocieron porque no tuvieron otra opción. Mujeres que no encajaban, que no podían aspirar a una vida normalizada, que vivían a la intemperie. Y, sin embargo, mujeres que se acompañaban, que se cuidaban, que construían familia sin necesidad de lazos de sangre. Porque la verdadera dignidad no siempre viene de fuera; a veces nace en medio del barro.


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