Una crónica literaria que reconstruye el brutal asesinato de Luca Varani, un joven de 23 años, a manos de otros dos chicos con vidas aparentemente normales: Marco Prato y Manuel Foffo. Pero lo que Nicola Lagioia hace con esta historia va más allá del true crime habitual. Te lo cuento en esta reseña de La ciudad de los vivos.
Durante más de 470 páginas, el autor recoge testimonios, noticias, entrevistas, documentos judiciales y conversaciones personales. Lo hace con una mirada tan minuciosa como obsesiva, arrastrado por la necesidad de entender —o, al menos, intentarlo— qué pasó exactamente en Roma aquella mañana de marzo de 2016. El resultado es una obra inclasificable: parte ensayo, parte investigación, parte descenso personal a los infiernos.
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Si deseas evitar el esfuerzo bestial de comprender quién eres, la sociedad te ofrece cientos de moldes vacíos.
No es un libro fácil. Lo que se narra no duele sólo por la crudeza de los hechos, sino por el reflejo que devuelve. Lo que más revuelve no es la sangre, sino la indiferencia; no el crimen, sino su banalización. El lector se enfrenta a una versión oscura del ser humano, esa en la que todo se puede justificar con un «no sé qué me pasó» o un «fue un error». Lo más aterrador del relato no son los asesinos, sino la posibilidad de que lo monstruoso habite en lo cotidiano.
Aun así, y lo digo de forma totalmente sincera en esta reseña de La ciudad de los vivos, recomiendo leerlo. Es uno de esos libros que te obliga a parar, subrayar (¡yo estoy en contra!), pensar, y seguir. Personalmente, no conocía el caso antes de abrir sus páginas; ahora, no puedo quitármelo de la cabeza. Como el propio Lagioia, siento que necesito seguir leyendo, seguir preguntando. Aunque nunca haya respuestas suficientes.


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