El libro de Rafael Chirbes tiene muchos mensajes, pero, si hay uno que impregna toda la historia, uno que está presente en todo momento, uno que quiero destacar en esta reseña de La buena letra, es el siguiente: una persona puede esforzarse toda su vida y, aún así, no recibir nada a cambio.
Ana escribe a su hijo para hablar de una época de su vida en la que hubo alegría y tristeza. La Guerra Civil española trajo consigo penuria y miseria, y ella, fiel mujer, buena persona, arrimó siempre el hombro para complacer a todo el mundo. Lo hizo sin pedir nada a cambio, y nada recibió. Descubre, ya en su vejez, que nunca importó. Tampoco ahora, cuando sólo le quedan sus hijos, una sobrina y una cuñada que siempre la despreció.
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Los pobres seguimos siendo pobres aunque nos hagamos con dinero.
Escrito sin capítulos, sin pausas, La buena letra es una historia que, pese a lo crudo de su contenido, se presenta ligera. ¿Por qué? Porque, en apenas 144 páginas, Rafael Chirbes es capaz de retratar con acierto una época oscura de nuestro país. Sin embargo, no se centra en el contexto más de lo necesario, porque en el libro, su libro, el foco está puesto en lo mundano, en las personas que habitan un lugar. Al hacerlo, quien lee es capaz de percibir la rabia, la pérdida, la traición, el dolor. También la esperanza, la unión, el regocijo, la calma.
Cuando el libro termina, con un cierre demoledor, sin necesidad de recurrir a un golpe de efecto, unx se queda con la sensación de que ha leído una historia muy especial. Yo lo siento mientras escribo esta reseña de La buena letra.


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