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Reseña En la Tierra somos fugazmente grandiosos
232 páginas

Reseña En la Tierra somos fugazmente grandiosos

Un hijo escribe una larga carta a su madre, que no sabe leer. La carta es en realidad un examen de conciencia, un repaso a los elementos clave que han ido conformando su identidad: como hijo de una familia de vietnamitas que huyeron de su país rumbo a Estados Unidos y como joven que descubre y asume su homosexualidad. El entorno familiar del chico se compone de la abuela, que tuvo que marcharse de Vietnam con sus hijas, un padre maltratador y ausente, que fue arrestado por agredir a su esposa, y la madre maltratada, que trabaja en un salón de manicura y mantiene una compleja relación con su hijo. En medio de todos ellos está el joven protagonista de esta historia, que creció en Hartford, Connecticut, sufrió acoso escolar por su doble marginalidad —como inmigrante y como homosexual— y descubrió siendo un adolescente el amor y la sexualidad con Trevor…

Y qué digo yo...

En la Tierra somos fugazmente grandiosos no es un libro para todo el mundo. No por ser inaccesible, sino porque exige una forma distinta de leer: más pausada, más atenta, más abierta a dejarse atravesar.

La novela —que no lo es del todo, como tampoco es solo una carta ni del todo poesía—, escrita como una misiva a su madre analfabeta, parte de una premisa dolorosamente hermosa: estas palabras nunca serán leídas por su destinataria. Y eso lo cambia todo. Porque lo que se dice aquí no busca la comprensión de quien lo recibe, sino la liberación de quien lo escribe.

Porque una bala sin un cuerpo es una canción sin oídos.

 

Vuong organiza su relato en tres partes: la infancia, la adolescencia y la pérdidaY cada una está narrada desde un lugar diferente, con un ritmo propio, con un enfoque distinto que responde al estado emocional del narrador en ese momento vital.

La primera parte, centrada en su niñez, es, quizá, la más densa, la más poética en el sentido estricto. Vuong abusa de las imágenes, de las frases suspendidas, de la belleza excesiva. Y, aunque esta decisión pueda ralentizar la lectura, hay una intención clara de forma: evocar el caos, el ruido, la incomprensión del entorno familiar y cultural. Es difícil de leer porque también debió de ser difícil de vivir.

 

Porque nada podría quitarme, pensé, si ya se lo había ofrecido todo.

 

En la segunda parte, con la adolescencia como telón de fondo, el ritmo cambia. Vuong baja a tierra, habla de deseo, de identidad, de validación, de amor y de sexo con una mezcla de ternura y brutalidad. Es aquí donde la persona lectora conecta de forma más directa, porque la historia se concretaYa no se trata sólo de belleza, sino de pulsión, de carne, de cuerpo.

En el tramo final llega el golpe. La muerte aparece como personaje invitado, pero también como maestra. Vuong escribe sobre la pérdida desde un lugar tan íntimo que duele. Pero, en ese dolor, también hay algo de calma. Algo que se parece a la aceptación. A entender que amar, aunque duela, sigue mereciendo la pena.

Se pierde demasiada alegría, te lo aseguro, en nuestro desesperado empeño por conservarla.

Todo el libro está atravesado por una pregunta que nunca se formula del todo, pero que sobrevuela cada página: ¿cómo se escribe cuando el lenguaje nunca ha sido tuyo del todo? Vuong, nacido en Vietnam, criado en Estados Unidos, hijo de migrantes, queer, poeta… responde escribiendo desde la herida y hacia la belleza.

Título: En la Tierra somos fugazmente grandiosos. Autor: Ocean Vuong. Editorial: Editorial Anagrama. Edición: 2020.

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