Seré sincero en esta reseña de El vampiro de la colonia Roma: el libro, en cuanto a contenido, no nos presenta nada que no hayamos visto antes: pobreza, drogas, prostitución. Ilusiones rotas, desesperanza profunda, desesperación que cala hasta los huesos. Pero, a pesar de lo conocido de estos temas, hay dos aspectos que hacen que esta obra destaque.
El primero es su contexto histórico: publicada en 1979. Hay que valorar enormemente una propuesta así en una época y en una sociedad que, por entonces —y en muchos sentidos todavía ahora— era abiertamente homófoba y cerrada. Atreverse a contar esta historia en ese momento es ya un acto de valentía y rebeldía.
❝
Siempre lo que sucede en la realidad es más impresionante de lo que uno cree, de lo que uno se imagina que pueda ser.
El segundo aspecto que destaco en esta reseña de El vampiro de la colonia Roma es la forma en que está escrita. El autor opta por un formato arriesgado, casi experimental: toda la novela está construida como si fuera una grabación sonora. No hay signos de puntuación que marquen el ritmo; en su lugar, son las pausas naturales del habla las que guían la lectura. Esto crea una cadencia propia, casi hipnótica, que sumerge al lector de manera única en la vida cotidiana y en la mente de los personajes.
Así, una historia aparentemente común se convierte en algo mucho más grande gracias a este formato innovador. Es un libro que merece la pena leer, no sólo por lo que cuenta, sino por cómo lo hace. Una propuesta arriesgada que sigue teniendo mucho que decir hoy en día.


0 comentarios