El Power Ranger rosa, que tiene una de las portadas más bonitas que he visto en mucho tiempo, es, a simple vista, un libro pequeño, casi discreto. Pero basta abrirlo para descubrir que dentro hay un universo entero: un cajón de sastre literario donde, entre la ironía, el desorden narrativo y los guiños pop, se despliegan análisis tan certeros como necesarios sobre la violencia patriarcal, la migración, la precariedad, la conciencia de clase… y la traumática ausencia de persianas fuera de España.
La estructura del relato, dividida en tres tiempos —dos de ellos vertebradores—, dota de dinamismo y profundidad al libro. Esta construcción permite tejer un puente entre generaciones: la abuela migrante y el nieto queer, cuyas vidas, aunque separadas por décadas, terminan resonando con una intensidad sorprendente. Experiencias distintas, épocas distintas, pero heridas y luchas similares.
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Si me gustaba su conversación, era por los silencios, por esos espacios vacíos donde me escondía a gusto, invisible. Un camaleón sobre un cristal.
Christo Casas escribe con una voz única: directa, punzante, a ratos mordaz, pero siempre honesta y tremendamente cercana. Su estilo —a medio camino entre la columna afilada y el monólogo íntimo— convierte la lectura en un acto de complicidad. Cada página parece hablarnos desde un lugar muy personal, sin artificios, sin maquillaje, sin poses. Sólo con verdad. Y esa es, quizá, su mayor virtud.
Porque, en apenas 124 páginas, Casas consigue lo que muchxs no logran en quinientas: emocionar, hacer pensar, y dejarte con la certeza de que algo importante acaba de pasar. Hay nostalgia, hay tristeza, hay rabia. Pero también hay ternura, orgullo y resistencia. Hay abuelas que son hogar, nietxs que buscan su sitio, recuerdos que duelen y palabras que abrazan. Y… sí, también está Britney Spears. Porque la memoria queer también baila. Y canta. Y sobrevive.
…Baby One More Time en bucle.


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