Cuando unx lee el libro, pasa por un abanico de emociones difíciles de digerir: rabia, tristeza, impotencia, y, en ciertos momentos, hasta agotamiento. Porque éste no es un libro amable. Es un libro necesario, y te cuento por qué en esta reseña de El manual del silencio.
La obra de Miguel Hurtado es tres cosas a la vez:
Un testimonio valiente que pone nombre y rostro a los abusos cometidos por la Iglesia católica durante décadas —abusos que, aunque conocidos, siguen envueltos en un pacto de silencio institucional y social—.
Una puerta de entrada al activismo por la protección de la infancia, donde se explica cómo funcionan (o fallan) los sistemas creados para defender a los más vulnerables.
Una historia de supervivencia: la de un niño que se convirtió en hombre y, en lugar de callar, decidió hablar. Y al hacerlo, encendió una luz en un lugar que muchos preferían mantener a oscuras.
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Las brujas no existen, pero los depredadores sexuales sí.
¡Seguimos con la reseña de El manual del silencio! A lo largo del libro, la información es abrumadora. En algunos pasajes, la acumulación de datos y referencias puede resultar densa, pero es también parte de su objetivo: informar, formar y denunciar. No pretende ser sólo un relato personal, sino un documento que desafía a la inacción. Porque, tras cada número, cada nombre y cada caso, hay una infancia rota.
La obra puede incomodar, puede doler, puede enfadar. Pero es una lectura necesaria. Una lectura obligatoria si queremos entender —y combatir— una de las grandes vergüenzas de este país: su pasividad ante la violencia ejercida contra los más vulnerables.
📌 Imprescindibles complementarios a esta reseña de El manual del silencio: el documental Examen de conciencia (Netflix) y la película Spotlight. Ambos ayudan a ampliar el contexto y entender que lo contado aquí no es un caso aislado. Es un sistema podrido.


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