¿Esa sensación de querer llegar a casa sólo para coger el libro y no soltarlo? Justo eso me ha pasado. Y no me ocurre tan a menudo como me gustaría. Esa urgencia por volver a la historia, y de contarlo ahora en esta reseña de El cordero carnívoro.
Ha sido así por lo polémico de la historia—directo al infierno voy; ya lo tengo asumido—, pero también por cómo está escrita: con una claridad que no se molesta en adornar, que va directa a lo importante. Cada frase está medida, pensada, cargada de sentido. Hay párrafos que he leído más de una vez por puro placer. Por cómo suenan. Por lo que dicen. Por lo que insinúan.
Los monólogos interiores del protagonista son de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Una voz arrolladora, brillante, contradictoria, que no busca la simpatía del lector, pero se la gana sin esfuerzo. Un personaje que arrastra consigo deseo, culpa, violencia, ternura, miedo, poder. Un personaje complejo, profundo, imperfecto. Uno de esos que te acompañan incluso después de cerrar el libro. De los que no se van del todo.
❝
Donde pones los ojos, la verdad se muestra en toda su belleza. ¿Puedes imaginar algo más bello que la verdad?
¡Seguimos con la reseña de El cordero carnívoro! Luego está el contexto. Publicado en 1975, el libro es una bomba. Por cómo habla —sin tapujos, sin filtros— de la España que algunxs todavía se empeñan en mantener viva. Por cómo desmonta los pilares del catolicismo que todo lo vigila y todo lo juzga. Por cómo expone las contradicciones del deseo y la represión, de la fe y el pecado, del cuerpo y la culpa. Todo desde dentro, sin alejarse nunca del conflicto, sin darnos respiro.
Y lo mejor es que todo eso está contado con una sencillez apabullante. Nada sobra. Nada falta. Un libro que parece pequeño, pero que contiene dentro una carga enorme: política, emocional, literaria. Y que la suelta despacio, sin prisa, hasta que te das cuenta de que ya no puedes parar.
Una de mis lecturas favoritas de los últimos años. Por lo que cuenta, por cómo lo cuenta. Por esa mezcla de fascinación y curiosidad que me ha dejado. Y por esa certeza, tan rara, de haber leído algo que voy a seguir recordando durante mucho tiempo.


0 comentarios