El amor del revés, de Luisgé Martín, es una confesión. Pero no una cualquiera: es una de ésas que escuecen, que desnudan, que no piden permiso ni perdón. Aunque tenga nombre propio, bien podría ser la historia de todxs aquellxs que, en algún momento de su vida, se sintieron fuera de lugar. Como si su forma de amar —su forma de ser— no tuviera cabida en el mundo que les tocó habitar.
Es un libro autobiográfico, pero también es un acto de honestidad brutal, sin adornos ni filtros.Una narración que transita la culpa, el miedo, el deseo, el rechazo y, por encima de todo, el anhelo de poder vivir sin esconderse. Luisgé Martín pone palabras a lo que muchxs sintieron (y aún sienten): que el amor, cuando se vive del revés, puede volverse peso, castigo, silencio.
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Aquel era un amor puro, tenaz, magnánimo, abnegado. Un amor de Camelot. Y Camelot no existió jamás.
Y, sin embargo, hay luz. Porque, entre página y página, incluso en las más oscuras, se cuela la posibilidad de que exista otra forma de habitar el mundo. Una forma más libre, más amable, más digna.Al final, lo que queda no es sólo el dolor, sino también el aprendizaje. Y una suerte de consuelo: el de saberse menos solx.
Quizá, por eso, salvando las distancias, también es un poco mi historia. O la tuya. O la de cualquiera que, en algún momento, haya tenido que aprender a quererse en un entorno que le enseñó a odiarse.


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