Dura una eternidad y en un instante se acaba es una novela que parte de un planteamiento insólito —el duelo contado a través de una zombi— y lo lleva a un territorio profundamente humano, incluso íntimo. Contra todo pronóstico, emociona. Mucho.
Lo primero que llama la atención es precisamente eso: el enfoque. El uso del género zombi no como una excusa para el terror o la acción, sino como vehículo para explorar la pérdida, la identidad, la culpa, la reconstrucción. No es el escenario obvio y, sin embargo, funciona con una naturalidad que sorprende. La autora consigue que entres en ese mundo con facilidad.
La novela tiene un equilibrio muy bien conseguido entre lo crudo y lo íntimo.
En cuanto a lo crudo: hay escenas sangrientas, descripciones explícitas de cuerpos mutilados. Son imágenes fuertes que pueden resultar difíciles para lectorxs sensibles, pero no son gratuitas. Aun así, estos momentos son puntuales y están enmarcados dentro de un relato mucho más amplio, que no se define únicamente por lo gore.
❝
Fingía que todo iba a estar bien porque me parecía imposible vivir diciendo siempre adiós.
¡Seguimos con la reseña de Dura una eternidad y en un instante se acaba! El tono general sorprende por su contención. En la primera mitad, el humor aparece con naturalidad, como una forma de defensa o de respiro. Nunca rompe el tono ni le resta profundidad a la historia. Al contrario: ayuda a construir un universo coherente, con reglas propias, donde conviven lo absurdo, lo trágico y lo tierno.
A partir de la parte III, la novela da un giro hacia la calma y la serenidad. La protagonista se refugia en sus pensamientos y sentimientos, y el ritmo se desacelera hasta casi detenerse. Esa pausa es necesaria. Nos permite respirar, asentarnos con ella, y acompañarla en un tramo de aceptación que no es ajeno al dolor, pero que resulta profundamente reconfortante.
Porque, si algo deja claro esta historia, es que el duelo no es lineal, ni rápido, ni fácil. Es un proceso largo, a veces incomprensible, que va cambiando de forma con el tiempo. No hay fórmulas. Sólo capas que se caen, heridas que se arrastran, días que pasan. Y, de alguna manera, Dura una eternidad y en un instante se acaba consigue capturar todo eso sin alzar la voz, sin grandes gestos. Sólo con una protagonista a medio camino entre la vida y la muerte, y con una narración que emociona por todo lo que sugiere.
❝
Aquello fue el final. Pero entonces no lo sabíamos. No sabes que el final ha acontecido hasta más tarde. O no lo admites. Lo ves en retrospectiva. Y te das cuenta de que todo el tiempo posterior no ha sido más que un esfuerzo por seguir adelante como si nada hubiera acabado.
¿He llorado en el tramo final? Sí. ¿Lo esperaba? No.
No me cuesta admitir en esta reseña de Dura una eternidad y en un instante se acaba que una historia de zombis me ha emocionado. Por cómo entiende el dolor y por cómo lo expresa. Por cómo, incluso en la carne que se descompone, encuentra algo que sigue latiendo.


0 comentarios