Sin duda, uno de mis libros favoritos. Que conste en esta reseña de Dime quién soy. Una historia que no deja de crecer, página tras página, hasta culminar en un final que eriza la piel —y que, en mi caso, me ha arrancado más de una lágrima—.
Lo más curioso de esta novela es que atrapa profundamente a pesar de contar con un narrador que resulta difícil de soportar. Guillermo, el encargado de reconstruir la historia, me pareceun personaje plano, algo torpe y con una visión limitada del mundo. Sin embargo, esa incomodidad inicial se compensa con creces gracias a la verdadera protagonista: Amelia Garayoa. Una mujer que comienza siendo ingenua, mimada y superficial, pero que, a través del dolor, la pérdida y la resistencia, se convierte en un personaje profundamente humano. Con sus contradicciones, con sus decisiones difíciles y con un coraje admirable, Amelia se transforma en alguien imposible de olvidar.
Ese proceso de reconstrucción, con voces múltiples que aportan distintos fragmentos del pasado, permite a la persona hacer el mismo viaje que el narrador, pero con más empatía, más profundidad y más conciencia. Y ahí está, para mí, la mayor fuerza de la novela: logra que nos pongamos en la piel de una mujer moldeada por la historia, arrastrada muchas veces por decisiones ajenas, pero firme en lo que considera justo. Una mujer que no siempre acierta, pero que nunca se esconde.
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Hemos llegado al final. Siempre hay que saber cuándo llega ese momento y aceptarlo. ¿No lo cree así?
Además, Julia Navarro hace algo difícil: cuenta la Historia a través de su historia. Sin didactismos forzados ni exceso de detalle, nos lleva por algunos de los capítulos más decisivos del siglo XX —la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría—, integrándolos en la narración de forma natural. No se trata solo de un contexto: son piezas imprescindibles para comprender por qué y cómo ocurre lo que ocurre.
Dime quién soy es uno de esos libros que dejan huella. De los que cuesta soltar y a los que, en algún momento, querrás volver. Me ha dejado una sensación muy parecida a la que tuve al terminar Patria o Todo esto te daré: la certeza de haber leído algo grande, y el deseo de regresar algún día a esas últimas páginas que tanto me han emocionado (lo hacen incluso mientras escribo esta reseña de Dime quién soy).


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