Antes de comenzar esta reseña de Con amor, Simon, me gustaría decir que, si pudiera volver atrás y dejarme un libro escondido bajo la almohada de cuando tenía quince años, sería éste.
Las 288 páginas de Con amor, Simon se leen de un tirón. Pero no por lo ligero del relato (que lo es), ni por la sencillez del lenguaje (que también), sino por lo bien que se siente perderse en sus páginas. La novela de Becky Albertalli es un refugio, una bocanada de aire fresco, una conversación pendiente que, por fin, encuentra palabras. Y de las buenas.
Entre sus múltiples aciertos, hay uno que merece mención especial: los capítulos narrados en forma de correo electrónico. A través del intercambio entre Simon y Blue —dos chicos que no saben cómo salir del armario, pero que sí saben hablar entre ellos—, se construye no solo una ¿amistad? llena de ternura, sino también una suerte de confesionario emocional al que es imposible no asomarse con una sonrisa en los labios. O con un nudo en la garganta. Depende del día.
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A veces me siento como si estuviera atascado en una rueda de la fortuna. En un minuto estoy en la cima del mundo. En el siguiente, en un fondo rocoso de cemento.
¡Seguimos con la reseña de Con amor, Simon! Lo que hace especial esta historia no es sólo que hable de un adolescente homosexual intentando descubrir quién es en un mundo donde la heterosexualidad sigue siendo la casilla por defecto. Es que lo hace sin tragedias forzadas, sin castigos ejemplares, sin convertir el miedo en un espectáculo. Aquí hay dudas, sí. Hay angustia, sí. Pero también hay humor, deseo, música, galletas Oreo, amistad real y amor del bueno. Del que nace poco a poco. Del que cuesta nombrar, pero no sentir.
Este libro habría sido importantísimo para mí en la adolescencia. Porque no hay nada más duro que sentir algo tan grande como tu identidad y no saber cómo decirlo. Porque cuesta entender lo que te pasa cuando nadie lo ha dicho antes en voz alta. Porque, como Simon, muchas personas seguimos tardando años en asumir que no pasa nada por ser distinto. Que no es raro. Que no es culpa. Que no es menos.


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