Cocinar un oso es una novela costumbrista con tintes de novela negra que no hace más que mejorar con el paso de sus páginas. Si las primeras transmiten una profunda calma característica de la vida rural, las siguientes traen ritmo, vértigo y tensión de una forma un tanto inusual.
El libro, con la religión como pilar principal, ofrece un contraste muy interesante entre la ganancia de humanidad de Jussi, uno de sus protagonistas, y la pérdida de la misma por parte de las personas que lo rodean a medida que van sucediendo determinados acontecimientos.
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La gente le tiene un gran miedo al diablo. En especial cuando aparece en forma de lobo o de serpiente. Pero es mucho más peligroso cuando adopta apariencia humana.
Más allá de los hechos, el gran atractivo del libro, difícil de encontrar en muchas ocasiones en otras obras, es la figura del pastor, cuya construcción lo convierte en uno de los personajes más carismáticos que he descubierto. Es imposible no empatizar con él a pesar de lo que representa; su inteligencia y observación hacen de él una apuesta segura.
Con él, Mikael Niemi retrata a la perfección la delgada línea que se dibuja entre la fe y la vida real, y, sobre todo, entre la justicia y la venganza. Porque ¿hasta dónde estamos dispuestxs a llegar cuando el mundo se ciega y actúa sin razón en contra de la verdad?


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