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Reseña Cassandra Darke
96 páginas

Reseña Cassandra Darke

Egoísta y solitaria, Cassandra Darke es una marchante de arte que vive en una lujosa mansión del barrio de Chelsea, en el mismísimo corazón de Londres.

Se ha convertido en una paria social, pero no le preocupa. Entre una Navidad y la siguiente, ha empañado la reputación de una galería del West End y encadenado una condena por fraude, de la que ha salido indemne, pero ha dejado su saldo bancario en números rojos. En la escala de infracciones, el fraude ocupa para Cassandra un lugar ínfimo, pues no conlleva «ni armas, ni violencia, ni cadáver».

Sin embargo, todo cambia cuando aparece algo en la mansión que sí podría suponer violencia y tal vez un cadáver. Nicki, la joven exinquilina de la casa, dejó en el sótano un regalito que obligará a Cassandra a salir de su suntuoso refugio y echarse a las calles. Y no precisamente a las de su barrio lujoso, sino a las de otros lugares más sórdidos y tenebrosos, donde deberá elegir entre el sacrificio o la salvación.

Y qué digo yo...

Esta reseña de Cassandra Darke empieza con una anécdota. Anabel me regaló el libro en el amigo invisible del Bookake —¡el club de lectura en el que estoy, malpensadx!—. Me dijo: «No sabía qué regalarte. Me tuvo que ayudar Brais. Creo que es difícil regalarte». No me sorprendió. Mi entorno tiende a decirme lo mismo, aunque yo pienso todo lo contrario. La cuestión es que le conté que tenía el propósito de leer más novela gráfica —un género que, aunque disfruto, no suelo frecuentar tanto—, así que este libro era perfecto.

Cassandra Darke es una novela gráfica (¡ya lo sabíamos!) muy ligera protagonizada por una mujer llamada… Cassandra Darke (¡ooooh!). Una mujer de más de 70 años que rompe por completo con la imagen que podríamos esperar de ella. Porque no es una abuela adorable que reparte caramelos, prepara tuppers o ayuda a la beneficencia. Más bien todo lo contrario: divorciada —y convencida de que nunca debió casarse—, sin hijos, estafadora y, sobre todo, muy antipática. De esas personas que parecen odiar a cualquiera que se cruce en su camino —no por nada está en mi estantería de Odias a la gente—.

Y, sin embargo, ahí está la gracia. Probablemente no sería alguien que te caería bien en la vida real, pero es precisamente esa personalidad la que sostiene toda la historia. Conocer lo que ocurre a través de su mirada —y, sobre todo, de sus pensamientos, porque no se guarda nada— es el gran acierto del libro. Sin ella, sin Cassandra, lo que se cuenta no sería, sin ánimo de ofender, especialmente destacable. ¡Bien por Posy Simmonds!

 

«Prepárate para lo peor», pensé (ése es mi lema).

 

Otro de los puntos interesantes está en la forma. Porque ésta es una novela gráfica (¡sé que ya se sabía!), pero no al uso. Las viñetas, con un manejo bastante atractivo del color, se combinan con fragmentos de texto que permiten profundizar más en la historia. A mí, que, a veces, tengo la sensación de que la novela gráfica puede quedarse algo corta o superficial en lo textual, esta mezcla me ha funcionado muy bien.

También llama la atención la extensión: en apenas 96 páginas, la autora construye una historia con planteamiento, desarrollo y desenlace que funciona. Eso sí: el final se siente un poco precipitado. Cuando quedan unas pocas páginas, es inevitable preguntarse cómo va a cerrar todo de forma satisfactoria. ¿Lo consigue? Sí, aunque con matices: la sensación de cierto atropello se mantiene, pero se compensa con un par de párrafos finales que, al menos mí, me han puesto la piel de gallina.

Entonces, ¿cuál es la conclusión final de esta reseña de Cassandra Darke? Es un libro ligero que cumple perfectamente su función: entretiene, se lee casi de una sentada y ofrece justo lo que promete. Una historia cargada de ironía, mala leche y pequeñas aventuras que funcionan, sobre todo, gracias a una protagonista difícil de olvidar.

Título: Cassandra Darke. Autora: Posy Simmonds. Editorial: Salamandra Graphic. Edición: 2020.

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