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Reseña Canto yo y la montaña baila
200 páginas

Reseña Canto yo y la montaña baila

Primero llegan la tormenta y el rayo y la muerte de Domènec, el campesino poeta. Luego, Dolceta, que no puede parar de reír mientras cuenta las historias de las cuatro mujeres a las que colgaron por brujas. Sió, que tiene que criar sola a Mia e Hilari ahí arriba en Matavaques. Y las trompetas de los muertos, que, con su sombrero negro y apetitoso, anuncian la inmutabilidad del ciclo de la vida.

Canto yo y la montaña baila es una novela en la que toman la palabra mujeres y hombres, fantasmas y mujeres de agua, nubes y setas, perros y corzos que habitan entre Camprodon y Prats de Molló, en los Pirineos. Una zona de alta montaña y de frontera que, más allá de la leyenda, conserva la memoria de siglos de lucha por la supervivencia, de persecuciones guiadas por la ignorancia y el fanatismo, de guerras fratricidas, pero que encarna también una belleza a la que no le hacen falta muchos adjetivos. Un terreno fértil para liberar la imaginación y el pensamiento, las ganas de hablar y de contar historias. Un lugar, quizás, para empezar de nuevo y encontrar cierta redención.

Y qué digo yo...

Irene Solà nos regala en Canto yo y la montaña baila una manera única y bonita de contar la historia de un pequeño pueblo donde los límites entre mito y realidad se desdibujan hasta convertirse en una misma experiencia sensorial y emocional.

La novela se construye a partir de múltiples voces narrativas. Cada capítulo está protagonizado por un narrador distinto, lo que podría suponer un riesgo para la cohesión del relato, pero, en este caso, se transforma en una virtud. La autora consigue que esta multiplicidad de perspectivas aporte riqueza y profundidad, otorgando una sensación de conjunto que es mucho más que la suma de sus partes. Es, sin duda, una lección magistral de cómo se puede narrar colectivamente y, al mismo tiempo, individualmente.

Este libro no sólo es una historia sobre un lugar, sino una exploración poética y casi mágica de las raíces, las memorias y las conexiones invisibles que unen a las personas con su entorno. A lo largo de sus páginas, se siente la presencia palpable de la naturaleza, las tradiciones, las leyendas y el paso del tiempo, todo ello entrelazado con un lenguaje cuidado, evocador y lleno de sensibilidad.

El amor te ayuda a aprender deprisa.

Canto yo y la montaña baila se ha convertido en uno de mis libros favoritos. Al principio, me costó encontrarle el ritmo debido a su estructura poco convencional y a la profundidad de su estilo, pero, con el tiempo, ha ido ganando un lugar especial en mi corazón. Es una obra a la que siempre vuelvo y que valoro cada vez más, por la delicadeza con la que Irene Solà aborda temas universales desde una óptica tan personal y original.

No es una lectura sencilla, como tampoco lo es Te di ojos y miraste las tinieblas, otro libro que comparte con esta obra esa misma capacidad para desafiar a quien lee y sumergirlo en mundos complejos y exigentes. Por eso, no es para todo el mundo, pero, para quienes estén dispuestxs a dejarse llevar por su ritmo pausado y su belleza lírica, ofrece una historia tan bonita y auténtica que permanece con unx mucho tiempo después de haber terminado de leerla.

Título: Canto yo y la montaña baila. Autora: Irene Solà. Editorial: Editorial Anagrama. Edición: 2019.

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