El libro de Tom Hindle cumple su función: entretener. Sin embargo, son varios los aspectos que hacen que la lectura resulte bastante olvidable y, en momentos, decepcionante. Te cuento más en esta reseña de Asesinato en el lago de Garda.
Dividido en distintas partes, definidas por momentos claves del relato (dos días antes de la boda, el día antes de la boda, quince minutos antes de la boda…), el libro de Tom Hindle juega con el equilibrio, ofreciendo a ratos dosis de tensión y, otras veces, pasajes más calmados que profundizan en la psique de los personajes.
Así, la primera parte es una introducción al mundo en que se desarrolla la historia, con una presentación detallada de los personajes y las relaciones entre estos, sentando las bases de lo que vendrá luego. Estas páginas resultan un tanto anodinas, pero son importantes para los hechos posteriores.
Las partes siguientes comienzan a tensar la cuerda. En éstas, surgen fricciones y enfrentamientos, y unx empieza a ver posibles líneas de acción futura. Es entonces que el relato adquiere un tono más oscuro, con características de la novela negra que no aparecen en la primera parte. Hasta aquí, todo (más o menos) bien.
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La gente miente. Los hechos no.
El problema hace acto de presencia en el tramo final, cuando todo lo que se cuenta es, por un lado, predecible; por otro, simplón. Porque la resolución de los hechos que hace Hindle no atrapa y, mucho menos, convence. En las últimas páginas, unx lee sabiendo exactamente lo que va a pasar, lo que causa que la tensión que ha estado presente en otras partes desaparezca por completo. Porque ¿qué nervios pueden sentirse si no hay lugar para el misterio?
Sin embargo, éste no es el principal problema. El gran lastre del libro se encuentra en su portada, en un mensaje que reza «El heredero de Agatha Christie». Unas palabras que fijan el listón a una altura elevada, que crean unas expectativas desmedidas… y bien sabemos que éstas rara vez se cumplen.
A favor del libro juegan la facilidad con que se lee —en mi caso, lo he leído del tirón—, el retrato que hace de la riqueza y de las familias que, en apariencia, lo poseen todo, y la manera en que juega con la actualidad al hablar de influencers, agencias de representación y colaboraciones con marcas.
Pese a lo escrito en esta reseña de Asesinato en el lago de Garda, digo: si quieres puro entretenimiento, te animo a perderte en sus páginas.


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