¿Y si los vampiros no viviesen en Europa del Este? ¿Y si lo hiciesen en Colombia? Ésa es la propuesta de Claudia Amador: coger una figura que creemos conocer y trasladarla a otro lugar para revisitarla, añadirle nuevas capas y mezclarla con el folklore, la música y la cultura colombiana. Una novela con una esencia gótica-vampírica-tropical que me ha fascinado en varios momentos, pero con la que tengo sentimientos encontrados.
La novela está dividida en seis partes, todas ellas formadas por cinco capítulos, y cada una viene acompañada de un título que anticipa cuál será el acontecimiento principal de las páginas que tenemos por delante. Una estructura que funciona bien para una historia en la que ocurren muchas cosas y en la que los personajes, las relaciones de poder y los distintos elementos que conforman este universo van adquiriendo peso a medida que avanzamos.
Y, en ese universo, justo en ese universo, creo que está una de las grandes virtudes del libro. Me ha gustado mucho cómo Claudia Amador incorpora el folklore y lo convierte en una parte fundamental del relato, hasta el punto de que mi parte favorita ha sido, sin ninguna duda, la de las malas lenguas. Porque aquí el chisme es mucho más que un cotilleo de pueblo. Es una forma de transmitir lo que ocurre, un mecanismo que hace avanzar la historia; una pieza más de la cultura que envuelve a los personajes.
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«La abundancia es una jaula, mi niña», le había dicho. «Entre más cosas inútiles tengas, más vacía se queda el alma».
¡Sigo con la reseña de Altasangre! Hay tres elementos que también me han interesado especialmente: sus personajes, algunas escenas de una fuerza increíble y la música. Entre los primeros, destacaría a Enriqueta, esa mujer del servicio que hace las veces de madre cuando las madres biológicas no cumplen con su papel, y al trío formado por Henrietta María, Katiuska y Osiris. Entre las escenas, me quedo con esa partida de ajedrez tan visual, el hipnótico baile de Julieta o esa bajada a los infiernos para encontrar el origen de todo el mal. Y, por último, me ha gustado mucho cómo la música se utiliza para hacer avanzar la historia y ofrecer pistas de lo que está a punto de ocurrir, reforzando esa imagen gótica-vampírica-tropical.
Sin embargo, a medida que avanza el libro, he sentido que se va perdiendo un poco ese tono que tanto me había atrapado al principio, y ahí es donde empiezan mis sentimientos encontrados. La historia de vampiros me ha gustado y la propuesta me parece muy interesante, pero el relato acaba girando hacia una narración más centrada en la acción y con un ritmo mucho más rápido. Y, personalmente, he disfrutado más de ese primer tramo en el que predominaban los juegos de poder sutiles, los escenarios majestuosos, las guerras familiares y los movimientos en las sombras; esa sensación de que todo está a punto de ocurrir, pero todavía no sabemos exactamente hacia dónde se inclinará la balanza.


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