Empecé a leer el libro de Joyce Carol Oates un día cualquiera. Lo dejé después de tres páginas, diciéndome que no tenía el día. Leí dos libros más antes de volver a él, cuando sentí que era el momento. ¡Bendito momento! Te cuento en esta reseña de Agua negra.
A Agua negra hay que darle, sí o sí, una oportunidad. La historia comienza de forma tibia, de manera que unx no sabe qué se va a encontrar exactamente ni si lo que va a descubrir le va a gustar o no. Sin embargo, poco después, no mucho tiempo después, la autora atrapa con una estructura rota, en la que la historia avanza y retrocede continuamente, en la que vuelve al mismo punto una y otra vez contándote otros aspectos que no había narrado anteriormente. Cuando unx se da cuenta de ello, es imposible parar de leer.
No son pocos los temas que trata el libro, desde el feminismo de los años 90, opacado por una masculinidad tóxica y oprimente (hombres, dueños y señores del mundo) hasta el corrompido y corrupto sistema político estadounidense (hay cosas que nunca cambiarán), pasando por la familia, fuente de conflicto y amor en esta historia, presente en gran parte del relato.
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Ningún hombre puede tolerar que una mujer le ponga en ridículo por más que ella esté diciendo la verdad o por mucho que él la quiera.
¡Sigo con la reseña de Agua negra! Todos estos temas conviven en armonía gracias a la narradora del libro: Kelly (¿Callie?), una chica al borde de la desesperación que, no obstante, en un intento de calma, nos lleva por distintos momentos de su vida pasada (errores y aciertos), presente (supervivencia y esperanza) y futura (imaginación y anhelo). Toda la historia, narrada desde su punto de vista —a excepción de un momento que me parece sublime por lo que implica en el relato, pero también en la vida real—, es angustiante.
Es angustiante, sí, y asfixiante, y triste, y horrible. Es todo esto porque Joyce Carol Oates narra de forma detallada un momento en el que el final está escrito, aunque parezca que no, aunque confunda en algunos momentos con capítulos escritos magistralmente que confunden y engañan, y, entonces, la persona lectora se convierte en una espectadora pasiva, sin posibilidad de hacer nada; sólo observar la tragedia, acompañar en el sufrimiento. Cuánto sufrimiento. Lo recomiendo muchísimo.


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