El libro empieza de forma brillante. Las páginas dedicadas al casting son, simple y llanamente, una genialidad. Se cuenta todo con tanto atractivo, con un ritmo tan envolvente, que resulta imposible dejar de leer. Esa primera parte engancha, seduce y promete mucho.
Pero, justo cuando parece que vamos a disfrutar de una historia redonda, llega el problema: el resto del libro. Ahí la cosa se alarga de manera innecesaria, con escenas que parecen superficiales, que no aportan nada —o peor aún, que restan— al conjunto. Es como si el autor se hubiera quedado sin ideas y se hubiera conformado con rellenar páginas para llegar al final.
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No hay nada más visible que la ausencia.
¿El gran fallo? Que esas páginas sobrantes suponen prácticamente la mitad del libro. Y yo no soy de los que defienden que una primera parte excelente compense una segunda muy floja. Porque no lo hace. Al contrario: termina por dejarte con la sensación de querer gritar «¡Por favor, que acabe ya!». Un horror.
Una pena, porque el potencial estaba ahí, pero el resultado final se queda corto.


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