Hola, individua, individuo, individue:
Escribo esta reseña de Tontos tus fieles con el firme propósito de convencerte de que leas la novela debut de la canaria Sophia Hidalgo Hernández. Yo lo he hecho prácticamente del tirón (40 páginas el primer día; el resto, en una sola tarde), porque me ha resultado imposible parar. Intuía que podía gustarme después de leer la sinopsis y, sobre todo, el prólogo de Sabina Urraca (El celo, Escribir antes), porque Sabina Urraca es siempre sinónimo de «calidad», pero no esperaba que me gustase tanto.
Tontos tus fieles es uno de esos libros que una persona tiene que leer con confianza, depositando toda su fe en quien lo ha escrito. Porque, en un primer momento, no se entiende nada. Sólo sabes que hay dos puntos de vista (uno en primera persona, con una protagonista que escribe un diario, y otro en tercera persona, con un personaje secundario que busca a una amiga desaparecida) y que, de una manera u otra, están relacionados, aunque no sepas ver cómo.
En esta primera parte, la historia atrapa, aunque se construya alrededor de algo cotidiano: el nacimiento de una amistad entre dos chicas que coinciden en la universidad. La ilusión de ampliar círculos, de conectar con alguien, de sentir que, al fin, alguien te entiende. Esa amistad es un respiro en la vida de una persona que convive con un ambiente familiar tóxico: unos padres que no cumplen con los roles esperados, un tío borracho y un primo criptobro.
En esta primera parte, la oscuridad está presente, pero lo hace con cierta calma. Todo aparece en su justa medida. Hay síntomas, hay señales, pero todavía no tienen la suficiente fuerza como para que podamos ver con claridad el mensaje que quiere lanzar el libro. Una vez más: confianza. Depositar toda nuestra fe en quien ha escrito el libro (¡Sophia Hidalgo Hernández!).
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Las mentiras piadosas están bien, siempre y cuando las digas sin mirar a la otra persona a los ojos y con una mano dándole palmaditas en la espalda.
de rep3nte llega OTRA parte del libro y alg0 cambia. no sé cuándo exactamennnnnnnnte. quizá cuando pasÉ la página equivocada. quizácuando la hist0r1a decidió que ya no quería seguir siendo una hist0r1a.
se vuelve mÁs oscura más dennnnnnnntro más debajO de la piel. mÁs agresib4. más $ALVAJE. como si alguien ubiera abierto algo que no devía abrirse y ahora todo estubiera lleno de carne, de rruido, de cosas que no tienen n0mBre pero que están ahÍ. el body horror entra y ya no se ba;;; se pega;;; cubre T0DO;;; lo toca T0DO.
la prim3ra parte es buenA. MUY buenA. pero esta segund4… esta segunda hace otra c0sa. aprieta. asfisia. mete las manos donde no quieres que las meta. 3X4G3R4 hasta que la exajeración deja de ser exajeración y se convierte en berdad. porque a veces hay que def0rmar algo asta romperlo para que $e bea lo que siempre estubo ahí;;; y lo mejor es que no te lo explica no te señala con el deddddddddo y te dice mira esto significa esto. nononononononono hace falta. la auto-ra sabe la auto-ra deja las cosas delante de t1 y eres tÚ quien las recoggggge con las manos temblandO.
esta parte es una trammmmmmmmp4 una muy h0rrrrrrible empieZas a leer y luego ya no estás leyendo. estás DENTRO. fuera no queda nada. no hay rrruido no hay jente no hay nada. son las 21:35 de un jueves cualquiera. deberíahabercenado a las 20:30. debbbbbbería estar haciendo cualquier otra cosa. pero no imporrrrrrrta. NO IMPORTA porque quedan páginas y las páginas tienen dientes. serán las 22:12 cuando termine. cuando cierre el libro. cuando l0 deje encima de la messsssa y me quede mirando a ninguna parte como si esperara que alguien me dijera que ya pasó. que ya acbÓ. y entonces respiro. porque llevaba un rato sin h4cerlo. porque el libro me había ATRAPADO y yo ni siquiera me había dado cuenta. qué c0sa tan extraña leer algo que te destruye un poco y aun así pensar: qué bien está 3cho. qué bien qué m4l qué bien.


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